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lunes, 19 de febrero de 2018

La mentira sobre el adoctrinamiento en colegios catalanes.

Hola a todos.

Seguramente habréis escuchado en más de una ocasión o habréis visto algún absurdo vídeo que trata de explicar que en Cataluña se adoctrina en los colegios e institutos a los estudiantes para tener una mentalidad independentista, con el afán de hacer creer que son las instituciones públicas catalanas y, más lejos aun, la educación en Cataluña, la responsable de que millones de habitantes estén pidiendo la independencia o, cuanto menos, un referéndum vinculante para decidir su futuro.

Bien, pues, desde mi humilde posición debo aclarar a todo aquel que, no que se lo haya creído, sino que simplemente haya tenido la duda, de que eso es mentira.

Tengo 37 años, he nacido, crecido y vivido en Cataluña todo ese tiempo. He estudiado E.G.B. en plena inmersión lingüística, estudiado un ciclo formativo de grado medio, bachillerato y carrera (Filología Hispánica) en Cataluña (algunos hasta puede que se sorprendan de que se estudie Filología Hispánica en Cataluña, pero es solo una muestra de hasta dónde llega la manipulación mediática). Y es ahí a dónde quiero ir a parar.

Cuando era adolescente escuché en la televisión "els països catalans" o afirmaciones como "al nostre pais" (en nuestro país), refiriéndose a Cataluña. Yo, como buen hijo de padres andaluces que no entiende esa nomenclatura, pensaba, y así se lo decía a mi madre, que eso no existe, que eso se lo inventaba la televisión porque ellos sí creían que eran un país, pero que era una chorrada, porque estábamos en España...

Uno va creciendo, y va leyendo historia, porque tengo que decir que, en los treinta y tantos años de formación académica catalana, en ningún momento y, repito, en ningún momento, se ha hablado de "països catalans" en el colegio, instituto o universidad, y acaba entendiendo la realidad de "los países catalanes" (hay que entender "país" en ese contexto como "tierra", tierra de nobles, terratenientes, de señores feudales, y no como "Estado", que es como entendemos ahora la palabra "país". Lo más cercano en nuestra lengua a esa definición sería "condado, marca o territorio", es decir, que lo más adecuado sería hablar de "condados catalanes". En Italia, a los pueblos se les sigue llamando "paese" (país), en contraposición a la città (ciudad).

Uno acaba entendiendo el surgimiento del nacionalismo catalán, de sus costumbres, de su cultura y su tradición, y acaba viendo cómo, si no son ellos mismos los que tratan de preservar su identidad, su cultura y sus costumbres, todas ellas habrían sido borradas por una aplastante globalización que menosprecia a cualquier pueblo.

Ningún profesor me ha intentado hacer creer en unos países catalanes, ni por asomo, ni han tratado de explicar ni siquiera la realidad política catalana, fuera cual fuere.

Uno llega a la conclusión de que no es la escuela, el colegio, el instituto o la universidad quien adoctrina, sino los medios de comunicación con su manipulación de la realidad y desinformación, quien, ya sea para negar la realidad en Cataluña (la realidad es que la mayor crecida de independentismo que se ha visto en estas tierras se debe a la mala gestión del gobierno de España por parte del PP, por su corrupción, por su tiranía y manipulación, primero dicen que son los poderes políticos quienes intervienen en la legalidad de Cataluña y luego se jactan de que han sido ellos quienes han enviado a los gobernantes catalanes a la cárcel, se funde el dinero de las pensiones y nos chuleen diciendo que tendremos que ahorrar para tener jubilación, y de que aquí se esté harto de votar para sacarlo del gobierno mientras en otras regiones sale elegido por mayoría), o para hablar de la grandeza de una Cataluña libre (fuera de la libertad de no estar gobernados por el PP, no entiendo de qué otra represión tendríamos que liberarnos, pues creo haber vivido en un estado de derecho en el que se aboga por nuestras libertades, pese a la insistencia de M.Rajoy y su equipo de acabar con ellas).

Soy profesor de Lengua y Literatura Española en Cataluña (aunque no ejerza ahora mismo), y estoy totalmente en contra de la idea de que el gobierno central quiera intervenir la educación en Cataluña, ya que es un puntal de multiculturalidad y plirilingüísmo digno de elogio por su respeto a todos los pueblos, etnias, costumbres y culturas, y en donde se enseña más conocimientos y respeto que ideologías y manipulación.

Con el paso del tiempo uno aprende que el que está más manipulado no es el que pasa más tiempo en el colegio, sino el que menos tiempo ha pasado en las aulas.

Dibujo de niños felices en el colegio (extraído de lamiradaperpleja,blogspot.com)

lunes, 9 de octubre de 2017

Cataluña y España, las banderas de la discordia.

Es difícil explicar y a la vez entender la situación tan desagradable a la que nos han llevado nuestros políticos, tanto el PP desde el gobierno central de España como JuntsxSí desde el govern de la Generalitat de Catalunya.

No hace falta remontarse a las guerras carlinas de hace 300 años, si volvemos la vista atrás, tan solo hace 11 años, veremos dónde empieza el problema que ha acabado derivando en esta locura de banderas de todo tipo, insultos, gritos fascistas y proclamas independentistas.

2004/2005, desde el Parlament, el Govern de la Generalitat de Catalunya aprueba su nuevo Estatut de Autonomía, con el que pretendía equilibrar las retribuciones al Estado con el resto de las Comunidades Autónomas (recordamos que Cataluña aporta el 20% del Producto Interior Bruto de España), trataba de proteger la lengua y cultura catalana y, especialmente, intentaba disponer antes que nada de una sanidad y una educación que diera respuesta a las necesidades de sus ciudadanos.

2006, l'Estatut llega a las Cortes Generales, dónde, ya sin Pasqual Maragall (en mi humilde opinión el mejor President de la Generalitat de Catalunya desde la restauración de la Monarquía Parlamentaria) es recortado tras una campaña de acoso y derribo por parte del Partido Popular (con referéndum de urnas en la calle, qué ironía) en la que se llegó a un acuerdo con el PSC de Montilla (President de la Generalitat de entonces) y bajo el visto bueno de los presidentes eméritos Aznar y González.

Esto provoca el descontento del sector nacionalista catalán, que trata de luchar por conseguir una mejora de su financiación, de sus instituciones y de su nacionalismo, por lo que se hace campaña para intentar recuperar lo que desde las Cortes Generales perdieron.

La campaña, ya sabemos, fue algo desafortunada en las formas. Todos recordamos ese "España nos roba" de Artur Mas. Claro, si en vez de decir "España" hubiera dicho "El Partido Popular", teniendo en cuenta todos los casos de corrupción en los que está envuelto el partido, habría tenido toda la razón. Pero el mensaje (dejando de lado si fuera dirigido con esa intención o estuviera más pensado hacia generar odio por la falta de recursos con los que la Generalitat se veía gracias al retoque del artículo 135 de la Constitución Española, en el que primaban el pago de la deuda externa de España a la subvención de la Sanidad y la Educación públicas), fue siendo repetido como un mantra y fue calando en la sociedad.

Pero tras el descalabro del Gobierno de España al dejar la sanidad y la educación española gravemente tocadas por el nuevo artículo 135 de la Constitución Española, Artur Mas sale reforzado, siendo elegido President de la Generalitat de Catalunya en 2010, con la idea de lograr un mejor pacto fiscal y financiero para la Comunidad Autónoma que gobernaba.

Tras unas duras demandas que acabaron en nada y la acusación desoída de Pasqual Maragall hacia Convergencia i Unió de corrupción (el famoso 3%), el Partido Popular en 2011 alcanzaba la presidencia del Gobierno de España y comenzaba así su política de recortes, con frases también desafortunadas como "les hemos destrozado el sistema sanitario" (Caso Fernández Díaz), refiriéndose al sistema sanitario de Cataluña, entre otras perlas que no tengo espacio ni tiempo suficiente para sacar a relucir... (NOOS, Gescartera, Gurtel, Bankia, Castor, EREs, Púnica, Panamá...).

Todos esos casos de corrupción, sumados a las puyas por l'Estatut recortado, hacen que en Cataluña tanto izquierdas como derechas se unan para lograr así un objetivo común, no ser gobernados por Mariano Rajoy, de la única forma que veían posible, la independencia (les sería más fácil con el sentimiento nacionalista, con el odio por tratar de "engañar a la gente" y no querer en ningún momento escuchar las demandas de Cataluña).

Eso lleva a la aceleración del sentimiento independentista, a usar el independentismo como la solución al gobierno corrupto del Partido Popular. Se celebra una consulta (ilegalizada por parte del Gobierno Español) sobre la independencia de Cataluña. Tras la ilegalización (y posteriór burla por parte de algunos medios de comunicación, que mucho han tenido que ver en este enfrentamiento civil por ambas partes) se persiguió al President de la Generalitat, Artur Mas, al que, finalmente, y después de 7 años de la acusación pública de Pasqual Maragall, el Partido Popular investiga en un acto más por conveniencia que por justicia, haciendo que acabara aislado del Parlament de Catalunya. JuntsxSí entra en acción y a petición de la CUP colocan a Puigdemont como President de la Generalitat, quien, lejos de dejar de lado el sueño independentista de Mas, lo retoma (pues tenemos que recordar que el referendum del 1 de Octubre fue una promesa política).

Se anuncia el referéndum por parte de la Generalitat por la independencia de Cataluña. El Gobierno de España lo ilegaliza. Esto no frena al Govern de Catalunya, quien hace campaña por el Sí (ningún partido en la oposición hace campaña por el No, simplemente se suman al Partido Popular por el "votar es ilegal"). Esto hace que el Govern de Puigdemont se quede solo ante el referéndum, y la población quede dividida. Y aquí empieza la campaña mediática de la prensa por culpar a unos o a otros, haciendo que la mayor parte de nosotros caigamos en la batalla que estaban llevando nuestros gobernantes.

La policía carga brutalmente contra quienes trataban de votar, haciendo que todos nos hiciéramos la misma pregunta: "¿Si era ilegal, por qué no detener a los artífices del acto, y dejar a la gente que votara o no, tranquilamente, sin necesidad de cargar contra ella con la violencia con la que lo hicieron?"

Lejos de entender la fuerte represión por parte del Gobierno de España, Cataluña mostraba una parte de España gris, totalitaria y prohibitiva al extranjero, con la prohibición de votar y la brutal carga policial contra población civil.

Europa decide (hasta hoy, en que finalmente ha pedido una investigación fiscal por el uso de la violencia contra la población) mirar hacia otro lado. Y en España, por parte de Rajoy y Puigdemont, empieza un tira y afloja. Rajoy amenazando con el uso del artículo 155 (artículo que ya ha empezado a aplicar sin anuncio alguno, con el control financiero y policial de la Generalitat), Puigdemont amenazando con la Declaración Unilateral de Independencia (probablemente mañana se declare, cosa que hará empeorar la situación).

En este momento es cuando los medios de comunicación empiezan a hacer campaña. Los de un lado por la unidad de España, haciéndonos olvidarnos de atentados terroristas del ISIS, de los casos de corrupción del Partido Popular, de las víctimas de los huracanes y los terremotos... y por otro lado por las "libertades de derechos"... el llamamiento a Europa, la injusticia y el uso abusivo de la autoridad...

De pronto empiezan a actuar las asociaciones, asambleas y partidos políticos, culpando a unos y a otros, lejos de tratar de buscar una solución, y se convocan manifestaciones masivas bajo distintos gritos, unos separadores, otros separatistas, pero ninguno parece querer realmente una unión fraternal.

Aparece Felipe VI para no decir nada. Aumenta la crispación.

Más manifestaciones, y mientras los medios de comunicación afilando cuchillos para ver quién dice la atrocidad más grande sobre los altercados que puedan ocurrir en dichas manifestaciones y así seguir echando leña a un fuego que solo nosotros, los ciudadanos, el pueblo, puede apaciguar, si dejamos de escuchar esos medios y nos escuchamos a nosotros mismos, ya que parece que somos los únicos que estamos dispuestos a dialogar, abandonados por nuestros gobernantes.

A todo esto, empiezan a aparecer sectores radicales de ultraderecha con cánticos fascistas, y el sentimiento independentista crece y crece cada vez que se ve que el Partido Popular persigue a quienes proclaman consignas independentistas pero deja campar a sus anchas a aquellos que cantan el "cara al sol", levantan la mano extendida y llevan imágenes de Franco y la bandera del águila... ¿Os imagináis estas imágenes en Alemania, con camisetas de Hitler, con los brazos alzados y con la bandera esvástica como estandartes? Yo soy incapaz de imaginarlo, pero parece ser que Spain is different.

La gente, lejos de desconectarse de los medios desinformativos, pasamos más horas siendo bombardeados por todos lados. Facebooks, Twitters, nos pasan vídeos y audios, imágenes escalofriantes de lo que nos está pasando, y nos crispa mas. Y lejos de apagar la televisión, no comprar la prensa y abandonar las redes sociales durante unos días, nos horrorizamos de todo aquello que vemos y oímos y nos produce más odio, más repulsa y más miedo ante la incertidumbre y ante aquellos quienes no nos entienden y ante aquellos a quienes no entendemos.

Ahora, la gente como locos, el que no pone un pasodoble a todo volumen mientras grita "viva España", está con una sardana o con Txarango alzando la voz al grito de "visca Catalunya", y mientras hace apenas 10 años esta situación era impensable, tanto desde un bando como desde el otro se ha procurado precisamente eso, generar bandos. Así, posiblemente, continuarán ambos en el poder, el uno "por la unidad de España" y el otro "por la independencia". Y así, gobernados hasta el fin por incompetentes incapaces de hacer las cosas de forma correcta, mientras nos tienen a la población enfrentados entre nosotros en una guerra que nunca hemos deseado, ellos van tapándonos las boca mientras van llenándose los bolsillos.


lunes, 15 de diciembre de 2014

La dualidad catalana, de los 80 hasta ahora:

Mi visión sobre la autodeterminación y soberanía catalana ha ido cambiando a lo largo de mi existencia, especialmente al ir entendiéndola y comprendiéndola (que no compartiéndola).

Cuando era un crío nunca entendía por qué había gente que me preguntaba "Per qué no parles en català?"... mi pregunta primera era ¿y por qué sí?
Era demasiado joven y poco docto para contestarles que era hijo de andaluces, de unos padres que se fueron de unas tierras que no les ofrecía mayores oportunidades a otras tierras que les brindaban un futuro más abierto y con mayores posibilidades. Allí fue donde yo nací, Cataluña. Y no solía hablar o utilizar el catalán como primera opción, no porque lo hubiera elegido yo, sino porque la lengua que se hablaba en casa era el español y me resultaba más cómodo y práctico usar una lengua que había mamado desde nacer para comunicarme y relacionarme con el resto de la humanidad, acción obvia y lógica, no impulsada por ideología, sino por instinto.

Fui creciendo, y la pregunta tan incómoda que en principio me resultaba atacante la iba viendo de otro modo. Sabía contestarla, por lo tanto, no me parecía incómoda, al contrario, podía defenderme de ella. Sin embargo acabé de darme cuenta que tampoco se trataba de un ataque, sino de una especie de curiosidad para conocer mejor a la persona que tenían delante y saber si era amistosa o excluyente.

Se hablaba de "els països catalans" y para hacer referencia a Cataluña, decían "el nostre país"... y yo pensaba... "están chiflados... ¿país? ¿Cataluña? pero si es una comunidad de España...". Poco a poco fui entendiendo que al mencionar "els països catalans" hacían referencia a la Cataluña histórica, la que poseía el Rosellón al sur de Francia hasta gran parte de la Comunitat Valenciana y de la "franja de ponent" en Aragón hasta las Islas Baleares y la zona de l'Alguero en Cerdeña. Esas grandes tierras fértiles gobernadas por notables condes visigodos medievales o franco-balones de la desintegración del imperio carolingio.

Y vas creciendo y vas viendo como la historia que se da en cada región no es la misma. Que sólo en el País Vasco se habla de la historia de un pueblo jamás invadido, que sólo en Cataluña se habla de unas tierras y una patria que nació junto al resto de patrias en la Edad Media, con el sentimiento de tierra, de pertenencia, de vasallazgo, que sólo en Galicia se habla del pasado céltico y la resistencia contra los vikingos, mientras el resto de comunidades adscritas a la reconquista para unos expulsión para otros almorávide por parte de los señores castellanos y leoneses, navarros y aragoneses, se habla de Don Pelayo y ese inicio de lo que en el siglo XVI fue el imperio que no veía ponerse el sol.

Entonces te das cuenta... la gente a la que desde muy muy muy joven les explican las grandes glorias de una tierra, grande, fértil, histórica, que llegó a ser..., poderosa, con notables señores que gobernaban con sensatez, con fortuna, con don, con gallardía, guapos, altos, fuertes, casi imbatibles, buenos... cuando se les cuenta otra historia suelen rechazarla. Tanto si a los de Don Pelayo se les cuenta las grandezas de Jaume I o Guifré o Ramón Berenguer, como si a los de estos últimos se les cuenta las proezas de Pelayo, Sancho, Isabel y Fernando, Felipe II o Carlos III. Parece ser que no acaba de ser una historia conjunta, y la historia conjunta no es tan grande, tan notoria, tan gloriosa. Parece ser que la historia conjunta es una historia de desencanto, de decadencia, de pérdida... de seres imperfectos, de hechizados como Carlos II o cornamentados como Carlos IV y su grotesca familia retratada por Goya, de desastrosos gobernantes que el británico Matthew Tree relata como maníacos enfermos fruto de la mezcla de sangre endogámica real en su ensayo "Contra la monarquía". ¿Por qué sino se iba a hablar de esos reyes fuera de las líneas de la España histórica, mientras se habla de los grandes que llevaron a buen puerto el territorio? La misma historia, enfocada en dos vertientes distintas. Los bombardeos de Barcelona, la represión, la tomada a menos de los carlistas, la evolución de la revolución que no cuaja en un país estancado en la soberanía totalitaria. Aranjuez, Esquilache y todas las grandes ideas que no cuajaron. Unos que quieres avanzar, otros que creen que el avance es una pérdida de privilegios...

Así se rompe todo y se acaba dividiendo hacia la izquierda o la derecha, más aun, hacia la monarquía y la república. Mientras para unos cuantos las siguientes dictaduras fueron la solución a una ruptura, para otros fue el bozal que les impedía hablar y ser. Y podría ser que toda esta ruptura viniera desde la restauración borbónica, desde cuando tenían que elegir entre Leopoldo Hohenzollern-Sigmaringen o buscar del lado de Napoleón III. Al final 10 meses con Amadeo I, quien se fue corriendo a Italia diciendo de España "me ha parecido como estar en la luna". Pero sin duda la fecha que más abrió una brecha en la conciencia catalana fue el 1714, una fecha que jamás olvidarán los nacionalistas catalanes por ser la pérdida total de su identidad. Felipe V acabaría con todo símbolo, identidad, privilegio o derecho y condenaría a esas tierras a no hablar ninguna lengua que no fuera la castellana, a pagar por sus levantamientos, a quedarse sin sus fueros (que Navarra conservaría por ser anticarlista) y, por lo tanto, sin el motor de una economía despuntante por sus industrias indianas y viajes comerciales a las américas. Como herida visible se construiría la Ciudadela en Barcelona, para controlar las revueltas posteriores.

Demasiadas diferencias, eso generó un odio mutuo extraño, obligados a soportarse los unos a los otros. Odio que superaba lo histórico y se fundía con el liberalismo y el progresismo.

Pero eso no es más que historia. ¿Suficiente como para generar un sentimiento de pertenencia? No lo creo. Aunque como se explica la historia resulta muy atractiva, tanto unas hazañas como otras, no me parece suficiente como para enarbolar una u otra bandera en pos de un sentimiento acérrimo.

Continué creciendo. Al estudiar filología en la universidad comprendí el significado y uso primitivo de una lengua, el básico, el mismo que yo sentía desde pequeño cuando abría la boca. Comunicación. Ese es el sentido de una lengua. Y odié a políticos que usaban ese don tan preciado de la naturaleza como arma para defender unas ideologías y posicionarse en contra de otras. Y así, interpretando ataques, a quien hablaba en catalán por haberlo mamado desde pequeño y sentirse más cómodo usándolo se le decía "habla en cristiano, catalufo", como si por hablar catalán fuera un enemigo de Dios (cuando el pueblo catalán también ha estado muy arraigado a la iglesia), y a quien hablaba castellano se le decía "fascista", por el mismo hecho de haberlo hablado desde siempre por herencia, aunque sus ideales fueran completamente contrarios al fascismo.
Ciertamente esos términos peyorativos no son más que la respuesta de un pueblo que ignora que los gobernantes los usan para abrir más la brecha existente y así tener bajo su control a unos u otros. Pero el problema se extiende más allá de la libertad de expresión (a la que muchos faltan cuando obligan a cambiar de lengua por represión, imposición o burla, que no incomprensión).

A lo largo de la historia ha parecido que el sentimiento catalanista respondía a un sentimiento histórico de pertenencia de tierra, cultura, historia conjunta y de lengua. No sé si siempre ha sido así, pero, ahora me parece un sentimiento más de rechazo que de autojustificación. No en vano se dice que el Partido Popular ha sido el mayor generador de independentismo de los últimos años y, si nos fijamos en las protestas, demandas y clamores populares que han ido surgiendo tras la restauración de la democracia, parece ser que ciertamente el independentismo catalán ha tomado fuerza a raíz de las decisiones impopulistas y radicales de dicho partido en el poder.

En ese sentido, pedirían desvincularse de España por no verse representados en ella, por no haber querido ser gobernados de nuevo por una fuerza que no les representa lo más mínimo y que sienten que la mayor parte del resto de territorio apoya por votarla en mayoría.
Los clamores y vítores soberanistas se escuchan más cuando se quiere un cambio, cuando lo existente no cuaja y va en contra de sus intereses.
El odio a lo diferente mueve más que el amor por lo propio, y es por eso que los clamores de patriotismo o nacionalismo surgen con mayor fuerza en época de crisis, porque en esa época es cuando la fuerza de dar un golpe se ve magnificada por la fractura que se ha producido.

Finalmente entiendo que ese sentimiento existe en cualquier lado en el que todos se sientan pertenecientes a algo, un club de fútbol, un movimiento cultural, una ideología, un vecindario, una familia, una escuela, una universidad... cualquier parte o grupo de gente que comparta algo contigo puede vincular una hermandad y puedes sentirte ligado a ello/s. Eso es hermoso, el hacer piña, el querer superarse. Y eso es lo que no acababa de entender, que hubiera ese sentimiento en Cataluña, hasta que finalmente leí su historia, hablé con ellos su lengua, comí su comida, lamenté sus pérdidas, miré con el prisma del pasado su grandeza y leí sus obras. Ya no sólo había nacido en Cataluña, era un catalán. Pero mis sentimientos no se desvinculaban de la tierra de mis padres. Quería un cambio... quiero un cambio... ¡Diablos si quiero un cambio! Pero no quiero usar la excusa del cambio para mandar al pairo al resto de los que quieren remar en la misma dirección que yo para lograr el cambio usando como argumento una independencia que no siento como propia, de la que sin comerlo ni beberlo en la mayoría de ocasiones me veo excluido por que haya grupos que quieran apropiarse y hacer suyo ese sentimiento y esa pertenencia por la dinastía, la "nissaga". Grupos que parecen enaltecer las consignas excluyentes como las de "la sangre" o "la lengua y cultura en la familia". Gente cuya forma de hablar se aproxima más a la Alemania de los 30's que a la Catalunya, y ahora sí lo escribo con ny, plural, cosmopolita y abierta. No vinculada a grupos exclusivos y elitistas, sino una Catalunya que abraza a todos por igual bajo un mismo techo, que no discrimina por su procedencia ni por su lengua. Una Catalunya en la que la palabra "charnego" deja de escucharse y grandes genios como Dalí o Josep Pla no son llamados "botiflers".

Yo sí quiero un cambio, un cambio en Catalunya, pero también para España, porque por encima de eso que llaman patria o nación, yo siento que pertenezco a algo mayor, a algo más sólido e indivisible, a algo más tangible y puro. A mi familia. Y mientras mi familia esté remando en diferentes localidades españolas, yo uniré mis fuerzas a ellos para que juntos cambiemos la bochornosa imagen que el país está dando. Y sé que juntos Podemos.

- Per qué no parles en català?-
- Porque mientras pueda ser libre de expresarme en la lengua que quiera así lo haré.-