En esta entrada trataré de definir a grandes rasgos las diferencias entre los diversos estilos de escritores que puedan diferenciarse.
En primer lugar está el Escritor, puro, el que lo tiene generalmente por oficio. Puede ser tanto crítico como descriptivo y se amolda con facilidad a lo que le exigen.
Es especialmente crítico y define el mundo según su visión. Suelen ser columnistas de un diario, articulistas, críticos literarios, ensayistas, bloggers, o escribir desde cualquier lugar que les permita desplegar su arsenal argumentativo a favor o en contra de aquello que quieran defender o detractar.
Serían buenos ejemplos de este estilo los escritores/pensadores del siglo XVIII, Feijoo y Jovellanos, de caracter ensayístico, crítico y enciclopédico, y un Mariano José de Larra, del XIX, más crítico y articulista. Miguel de Unamuno, de la generación del 98, el raciovitalista Ortega y Gasset, su discípula María Zambrano o la actual Chantall Maillard.
En segundo lugar tenemos a los Poetas. Captadores de una sensibilidad especial del mundo. Agudizan plenamente sus sentidos para plasmar su visión y sensación del mundo, consciente, inconsciente o subconsciente, de lo que ven o perciben, o simplemente sienten.
Tildados injustamente por la filosofía de "mentirosos", por mostrar una visión exagerada, errónea o falsa del mundo, ellos no hacen otra cosa que mostrar precisamente su verdad. Muestran al mundo la visión que ellos tienen de este.
Aunque también lo critican, generalmente se muestran piadosos, compasivos y resignados a ser simples marionetas, títeres, objetos o piezas de un engranaje más complejo y superior, que empieza por una fuerza superior que envía a las musas a provocar inspiración en ellos para que finalmente sus pensamientos fluyan y muevan sus bocas o dedos, para hacer funcionar la pluma, el bolígrafo, la máquina de escribir u ordenador que plasmará por fin las ideas que les han sido advenidas.
Buenos ejemplos podríamos encontrarlos en el poeta de la antigua Roma, Virgilio, y siguiendo su sensibilidad, el prerrenacentista Dante Alighieri, los renacentistas Francesco Petrarca y Garcilaso de la Vega, los barrocos Francisco de Quevedo y Luís de Góngora, los románticos José de Espronceda, Charles Baudelaire, Arthur Riembaud y Goethe, a los modernistas Valle-Inclán, Rubén Dario o vanguardistas como Vicente Huidobro.
Generadores de ideas son todos aquellos capaces de proyectar una visión y llevarla a la realidad, transformar la realidad o modificarla.
Nos facilitan la vida o nos la complican, pero sin duda no la dejan como está, la mueven y manipulan hasta que esa realidad se asemeja a su idea.
Estos pueden ser publicistas, monologuistas, ensayistas, creadores de discursos y manifiestos, creadores de eslogans o semejantes, pensadores y filósofos que expresan sus visiones, etc.
Referentes de generadores de ideas podrían ser los pensadores del mundo clásico Sócrates o Platón, el holandés Erasmo de Róterdam, los ilustrados Montesquieu, Jean-Jacques Rosseau, el comunista Karl Marx, el futurista Filippo Tommaso Marinetti o el surrealista André Breton.
Los Creadores de mundos son aquellos escritores que amalgaman tal cantidad de mundos en su mente que no les cuesta ningún trabajo plasmarlos y sorprender.
Visionarios como Jules Verne, intrigantes como Alexandre Dumas, extensos como Marcel Proust o James Joyce, terroríficos como Edgar Allan Poe, H.Phillips Lovecraft o Stephen King, sci-fi como Isaac Asimov, épicos como George R. R. Martin o J. R. R. Tolkien, mágicos como J. K. Rowling o condensadores de maravillas como Lewis Carroll, Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm (aunque su labor fue más recopilatorio-filológica) o Günter Grass.
Para finalizar, encontramos el grupo de Escritores Totales. Aunque la mayor parte de escritores son capaces de saltar de grupo en grupo por su gran capacidad adaptativa y versatilidad a la hora de escribir y/o plasmar sus ideas, ciertamente hay pocos escritores que consiguen mantener la misma brillantez que en la que suelen destacar.
Los Escritores Totales son Escritores, Poetas, Generadores de ideas y Creadores de mundos, todo en uno. Son capaces de deleitarnos con una obra total, en la que, sea en prosa o verso, nos describen maravillas que nos fascinan, o hacen uso de una gran capacidad literaria con la que nos dejan perplejos.
El nombre que ante todo me viene a la cabeza cuando hablo de este grupo es el de el genial Jorge Luis Borges.
viernes, 19 de julio de 2013
martes, 2 de julio de 2013
Bushido o reconocer la vida en cada soplo de aire.
¿Cuántas veces nos sentimos frustrados o fracasados en momentos o acciones en nuestra vida que realmente no son más obstáculo que el que nosotros nos ponemos?
Cuando eso ocurre, cuando nos trabamos, cuando de algo que para otra persona es un problema menor, algo cotidiano o incluso algo sin importancia, para nosotros nos resulta una barrera infranqueable. ¿Por qué? La respuesta es tan simple que nos sonrojaría a más de uno.
Obviamos cosas tan simples como que la vida nos la proporciona el respirar, y que mientras haya oxígeno habrá oportunidades de sentirlo corriendo por nuestros pulmones, entrando por nuestras narices o boca y haciendo que nuestra sangre circule, generando energía para que nuestro cuerpo se mueva. En definitiva, lo único que necesitamos para vivir es oxígeno, primeramente, agua luego y alimento.
Tres cosas básicas con las que podremos:
Ver: Paisajes, animales, plantas, personas, nubes, el cielo, películas, el agua correr, los niños jugar, la gente madurar o madurar nosotros mismos.
Escuchar: Música, conversaciones, consejos de nuestros seres queridos, a los niños jugar, el sonido del agua corriendo, la voz de esa persona, el sonido de nuestra voz rebotando en las montañas, el sonido de las teclas al ser presionadas por nuestros dedos, felicitaciones...
Sentir: El calor del verano, el sol en nuestra piel, el frío en invierno, deseando llegar a un lugar en el que refugiarnos de él, la humedad del agua, las caricias del viento, las caricias de nuestros seres queridos, las sábanas cubriéndonos, la nieve, la niebla, él, ella...
Oler: Las flores, jazmín, labanda, su perfume, tu perfume, nuestro hedor cuando necesitamos una ducha, la fruta fresca, la comida recién hecha...
Saborear: Nuestro plato preferido, el sabor de nuestro amor, lo ácido del limón, lo dulce del azúcar, la miel, su miel...
Cosas que pueden no costar dinero. Cosas que podemos sentir a diario pero que ignoramos su valor.
Mucha gente sufre una disminución de uno de sus sentidos... y mientras nosotros nos quejamos por no tener el último modelo de ordenador portátil, por no gozar de un reloj de marca, por no poder comer caviar, por no pasar una noche en el Ritz, por no viajar a la otra punta del mundo... esas personas ni siquiera pueden gozar de ver a su enamorado/a, o de ver qué aspecto tienen frente al espejo... o no pueden oír la voz de la gente, ni los ruídos que les previenen de amenazas, peligros, o no pueden gozar de las cosas que nosotros sí tenemos la suerte de gozar...
Sin embargo esa gente sabe ser feliz, lucha cada día por lograr superar esas carencias, enfrentándose a la vida con valor y gozando de los sentidos que les queda.
¿Y nosotros nos quejamos si no podemos cambiarnos de coche?
Mientras el coche nos lleve allí dónde queramos ir... nos vale.
Mientras podamos hacer felices a aquellos a quienes queremos, nos vale.
Mientras no necesitemos más para ser felices, nos vale.
Mientras seamos felices, nos vale.
No se trata de conformarse con aquello que se tiene, se trata de querer aquello que se tiene.
La vida es un camino, en ese camino puedes tener un sinfín de cosas y perderlas, pero hay cosas que se ganan y nunca se pierden. Esas cosas son las que hacen a los ancianos sabios y a los jóvenes inexpertos. Cuanto más caminas, más conoces, y al final es lo único con lo que te quedas, pues el resto no te vale de nada.
¿No merece la pena conocer, en vez de ostentar?
Al fin y al cabo lo que te hace rico es lo que has vivido, porque eso no te lo va a quitar nadie.
En el código Bushido, o camino del guerrero, existe la máxima de "reconocer la vida en cada soplo de aire". Los samuráis se preparaban desde su nacimiento para aceptar cualquier cosa que se impusiera en su vida. Esto implicaba reconocer la misma muerte como parte de su vida.
En ese sentido, trataban de sentir al máximo lo que sentían, es decir, mientras se sintieran vivos, sentir la vida en cada soplo de aire, buscar la belleza en cada instante, pues era irrepetible y, si se pasaban toda su vida buscando una flor perfecta... no habrían malgastado ni un segundo de ella en esa búsqueda, pues lo que hace ese camino es caminarlo, y lo que hace la vida es vivirla.
Mucha gente ha tratado de definir la vida, como el camino que recorremos, como el momento entre que nacemos y morimos, como un aprendizaje, como una unión, como una adquisición de sabiduría, como aquello que nos queda entre nuestras obligaciones o como diversas series de máximas...
Uno llega a pensar que ninguno de ellos estaba equivocado, que todos tenían razón, cuando se da cuenta que la vida es, ni más ni menos, que el conjunto de todo.
Es un camino de experimentación que te hace perfeccionarte. Es una adquisición de sabiduría, un alcanzar metas y un disfrutar de los momentos de no obligación, a la vez que sufrir las obligaciones (sin olvidar que nosotros mismos somos quienes debemos obligarnos o, mejor dicho, exigirnos más), el goce y el sufrimiento, el conocimiento y el olvido, el respirar y el dejar de hacerlo, todo es parte de la vida y en todo ello debemos reconocerla.
Cuando eso ocurre, cuando nos trabamos, cuando de algo que para otra persona es un problema menor, algo cotidiano o incluso algo sin importancia, para nosotros nos resulta una barrera infranqueable. ¿Por qué? La respuesta es tan simple que nos sonrojaría a más de uno.
Obviamos cosas tan simples como que la vida nos la proporciona el respirar, y que mientras haya oxígeno habrá oportunidades de sentirlo corriendo por nuestros pulmones, entrando por nuestras narices o boca y haciendo que nuestra sangre circule, generando energía para que nuestro cuerpo se mueva. En definitiva, lo único que necesitamos para vivir es oxígeno, primeramente, agua luego y alimento.
Tres cosas básicas con las que podremos:
Ver: Paisajes, animales, plantas, personas, nubes, el cielo, películas, el agua correr, los niños jugar, la gente madurar o madurar nosotros mismos.
Escuchar: Música, conversaciones, consejos de nuestros seres queridos, a los niños jugar, el sonido del agua corriendo, la voz de esa persona, el sonido de nuestra voz rebotando en las montañas, el sonido de las teclas al ser presionadas por nuestros dedos, felicitaciones...
Sentir: El calor del verano, el sol en nuestra piel, el frío en invierno, deseando llegar a un lugar en el que refugiarnos de él, la humedad del agua, las caricias del viento, las caricias de nuestros seres queridos, las sábanas cubriéndonos, la nieve, la niebla, él, ella...
Oler: Las flores, jazmín, labanda, su perfume, tu perfume, nuestro hedor cuando necesitamos una ducha, la fruta fresca, la comida recién hecha...
Saborear: Nuestro plato preferido, el sabor de nuestro amor, lo ácido del limón, lo dulce del azúcar, la miel, su miel...
Cosas que pueden no costar dinero. Cosas que podemos sentir a diario pero que ignoramos su valor.
Mucha gente sufre una disminución de uno de sus sentidos... y mientras nosotros nos quejamos por no tener el último modelo de ordenador portátil, por no gozar de un reloj de marca, por no poder comer caviar, por no pasar una noche en el Ritz, por no viajar a la otra punta del mundo... esas personas ni siquiera pueden gozar de ver a su enamorado/a, o de ver qué aspecto tienen frente al espejo... o no pueden oír la voz de la gente, ni los ruídos que les previenen de amenazas, peligros, o no pueden gozar de las cosas que nosotros sí tenemos la suerte de gozar...
Sin embargo esa gente sabe ser feliz, lucha cada día por lograr superar esas carencias, enfrentándose a la vida con valor y gozando de los sentidos que les queda.
¿Y nosotros nos quejamos si no podemos cambiarnos de coche?
Mientras el coche nos lleve allí dónde queramos ir... nos vale.
Mientras podamos hacer felices a aquellos a quienes queremos, nos vale.
Mientras no necesitemos más para ser felices, nos vale.
Mientras seamos felices, nos vale.
No se trata de conformarse con aquello que se tiene, se trata de querer aquello que se tiene.
La vida es un camino, en ese camino puedes tener un sinfín de cosas y perderlas, pero hay cosas que se ganan y nunca se pierden. Esas cosas son las que hacen a los ancianos sabios y a los jóvenes inexpertos. Cuanto más caminas, más conoces, y al final es lo único con lo que te quedas, pues el resto no te vale de nada.
¿No merece la pena conocer, en vez de ostentar?
Al fin y al cabo lo que te hace rico es lo que has vivido, porque eso no te lo va a quitar nadie.
En el código Bushido, o camino del guerrero, existe la máxima de "reconocer la vida en cada soplo de aire". Los samuráis se preparaban desde su nacimiento para aceptar cualquier cosa que se impusiera en su vida. Esto implicaba reconocer la misma muerte como parte de su vida.
En ese sentido, trataban de sentir al máximo lo que sentían, es decir, mientras se sintieran vivos, sentir la vida en cada soplo de aire, buscar la belleza en cada instante, pues era irrepetible y, si se pasaban toda su vida buscando una flor perfecta... no habrían malgastado ni un segundo de ella en esa búsqueda, pues lo que hace ese camino es caminarlo, y lo que hace la vida es vivirla.
Mucha gente ha tratado de definir la vida, como el camino que recorremos, como el momento entre que nacemos y morimos, como un aprendizaje, como una unión, como una adquisición de sabiduría, como aquello que nos queda entre nuestras obligaciones o como diversas series de máximas...
Uno llega a pensar que ninguno de ellos estaba equivocado, que todos tenían razón, cuando se da cuenta que la vida es, ni más ni menos, que el conjunto de todo.
Es un camino de experimentación que te hace perfeccionarte. Es una adquisición de sabiduría, un alcanzar metas y un disfrutar de los momentos de no obligación, a la vez que sufrir las obligaciones (sin olvidar que nosotros mismos somos quienes debemos obligarnos o, mejor dicho, exigirnos más), el goce y el sufrimiento, el conocimiento y el olvido, el respirar y el dejar de hacerlo, todo es parte de la vida y en todo ello debemos reconocerla.
sábado, 29 de junio de 2013
2.-Fobias, manías, pesadillas, fetiches y escritores.
Bien... una vez hemos visto que las manías, las obsesiones, esos ceremoniales que la gente aplica alejándose de la concepción social de lo que es considerado un "comportamiento normal" para superar esos miedos, fobias, traumas, y aplacarlos para no tener pesadillas, ataques de pánico, colapsos, o evitar situaciones que ponen en peligro la propia vida del individuo, explicaremos qué tienen que ver los últimos dos factores en todo ello.
Si los ceremoniales sirven para evitar la amenaza, la agresión, los fetiches sirven para incrementar la sensación de bienestar frente a una situación.
Una persona puede usar únicamente un tipo de calzado solo porque le resulte más cómodo para afrontar las situaciones diarias con las que tiene que lidiar. Otro puede llevar un pañuelo usado por su amada en el bolsillo porque con eso la siente mucho más cercana, y siente su compañía, protección e incrementa su seguridad.
Otras personas extrapolan objetos fetiche incluso en el sexo, para que esta acción, lejos de ser algo que les pueda resultar agresivo, invasivo o fortuito, le parezca dulce, agradable, delicioso, deseable, confortable o incluso conseguir un extra de placer sensorial. Puede incluso ser simplemente uso de la imaginación para llegar a producir mayor sensación de placer al practicar el acto sexual.
Así, por la explicación de la ambivalencia freudiana, algo que nos produce dolor extremo también podría estarnos produciendo un placer extremo (y esto explicaría muchas prácticas sado-masoquistas).
Pero lejos de dichos extremos, los fetiches no están para producir ningún tipo de dolor, al menos en un principio, sino para todo lo contrario, llevar al máximo exponente la sensación de bienestar de la persona.
¿Qué tenemos encima de nuestros escritorios?
Ver un escritorio vacío probablemente nos produciría una sensación de angustia que no podríamos explicar, puesto que al parecer es algo inconsciente. Necesitamos llenar nuestros espacios, hacerlos más cómodos, más agradables y placenteros para nosotros mismos. Cómodos, al fin y al cabo.
Para ello, usamos un sinfín de objetos que nos producen bienestar, placer (sea visual o sea espiritual, sea olfativo o sea auditivo) que nos conforta, y nos aleja de sentirnos agredidos.
(Esto explicaría que cierta música nos produce malestar, nos sentimos agredidos por ella, porque crea un ambiente en el que no nos sentimos cómodos [seguramente porque lo desconocemos]).
Sobre el "horror vacui" y la sensación de pánico, miedo inicial que lleva a muchos a llenar su vida ya sea con objetos o conocimientos para evitar ese miedo universal hablaré en otro momento, acabaré explicando la importancia de todo lo anterior para los escritores o algunos artistas.
Muchos escritores sienten la necesidad de llenar sus hojas, sus escritos, sus historias, novelas, poemas o cuentos con determinados elementos recurrentes que dejan huella en todos o casi todos sus escritos, y con los que podemos reconocerles fácilmente.
La mayoría usa sus miedos, fobias, temores o pesadillas para llenar páginas y páginas de textos. Esas fobias, a muchos que los leyéramos, nos pasarían desapercibidas, sin embargo en los textos de muchos escritores quedan plasmados como huellas, como parte de su caracter, de forma sutil en muchos, o muy obvia en otros.
Dalí pintaba hormigas, montones de hormigas e insectos por los cuales se sentía aterrado. Pesadillas que surgían en el surrealismo y... ¿Qué era el surrealismo artístico sino la expresión de nuestros sueños?
Hormigas, huevos rompiéndose, panes, hechos a base de la manipulación de una masa que recrea un acto más erótico que alimenticio mezclando colores y formas, piernas de mujeres con lencería... imágenes de fobias y fetiches de un genio.
Howard Phillips Lovecraft, sin duda, un maestro de la pesadilla, un maníaco de lo inexplicable, explicado desde el horror. ¿Quién sino iba a generar un mito tan fuerte como la creación de Cthulhú? Alguien cuyo pánico fuera su mayor deseo, el mar, un medio por el que sus antepasados llegaron a la tierra en la que nació y en la que moriría. ¿Cómo no mezclar algo conocido como el mar con algo tan inquietante, incierto y desconocido como el cosmos de su época? Ciertamente, el horror extraterrestre entre 1890 y 1937 era mucho mayor del que podamos suponer.
¿Y Jorge Luis Borges?
El gran genio literario, o antiliterario (como afirmaba en muchas ocasiones al desvirtuar de realidad la literatura, poniéndola como engañosa y falsa), cuyo cociente intelectual hacía temblar a los más inteligentes... ¿Acaso él no se encerraba en sus laberintos? ¿Acaso no vería reflejado infinitud de mundos al poner dos espejos, el uno frente al otro? ¿Qué horror le debería producir la proyección de un sinfín de laberintos frente a dos espejos?
Escaleras, setos, calles que se tuercen, laberintos y el otro, ese otro que se ve reflejado en un espejo y que no vemos nunca (porque no podemos arrancarnos los ojos y ver desde otra perspectiva que la que vemos).
¿Qué horror no supone el hecho de no poder ver más que lo que vemos? Para aquellos que queremos conocer más, supone algo verdaderamente terrible.
Proust le daba mil vueltas a sus textos por una magdalena (aunque no fuera el objeto, sino el símbolo, lo que pudiera producirle esa inquietud. El hecho de que un hecho cotidiano pudiera transportarnos años y años atrás en la memoria y revivir miles de hechos al instante).
Poe y sus relatos que quitan el aliento, pegan en la butaca e inquietan a aquellos quienes lo leen. Cuervos, noches, y soledad (temas tan recurrentes entre los escritores).
¿Cómo no mencionar a las mujeres, esas que en las novelas de Ian Fleming parecían simplemente un accesorio del gran James Bond? Tan solemnes e indispensables en novelas de Agatha Christie, tan fuertemente definidas y cuya sensualidad ultrapasaba los sentidos en novelas de Virginia Woolf, en las que incluso los andróginos eran personajes dotados de una dulzura y sensualidad inimaginables en la actualidad.
Todos, o sino la mayoría de escritores introducimos en nuestros escritos una pequeña marca que nos define, que nos calma, que nos hace sentir que lo que escribimos es nuestro, que nos hace sentir que lo nuestro nos conforta, que lo conocemos, y que lo deseamos del mismo modo que lo gozamos cuando lo obtenemos. O que nos hace huir de aquello que nos perturba.
Sin duda, todo escritor se encuentra en una atmósfera de paz y calma cada vez que ejerce de aquello que más y mejor sabe hacer o conoce, escribir.
¿Qué mejor lugar, pues, para un escritor, que escribe por placer, que sus mismos textos para insertar esos elementos que les aleja de sus fobias?
Si los ceremoniales sirven para evitar la amenaza, la agresión, los fetiches sirven para incrementar la sensación de bienestar frente a una situación.
Una persona puede usar únicamente un tipo de calzado solo porque le resulte más cómodo para afrontar las situaciones diarias con las que tiene que lidiar. Otro puede llevar un pañuelo usado por su amada en el bolsillo porque con eso la siente mucho más cercana, y siente su compañía, protección e incrementa su seguridad.
Otras personas extrapolan objetos fetiche incluso en el sexo, para que esta acción, lejos de ser algo que les pueda resultar agresivo, invasivo o fortuito, le parezca dulce, agradable, delicioso, deseable, confortable o incluso conseguir un extra de placer sensorial. Puede incluso ser simplemente uso de la imaginación para llegar a producir mayor sensación de placer al practicar el acto sexual.
Así, por la explicación de la ambivalencia freudiana, algo que nos produce dolor extremo también podría estarnos produciendo un placer extremo (y esto explicaría muchas prácticas sado-masoquistas).
Pero lejos de dichos extremos, los fetiches no están para producir ningún tipo de dolor, al menos en un principio, sino para todo lo contrario, llevar al máximo exponente la sensación de bienestar de la persona.
¿Qué tenemos encima de nuestros escritorios?
Ver un escritorio vacío probablemente nos produciría una sensación de angustia que no podríamos explicar, puesto que al parecer es algo inconsciente. Necesitamos llenar nuestros espacios, hacerlos más cómodos, más agradables y placenteros para nosotros mismos. Cómodos, al fin y al cabo.
Para ello, usamos un sinfín de objetos que nos producen bienestar, placer (sea visual o sea espiritual, sea olfativo o sea auditivo) que nos conforta, y nos aleja de sentirnos agredidos.
(Esto explicaría que cierta música nos produce malestar, nos sentimos agredidos por ella, porque crea un ambiente en el que no nos sentimos cómodos [seguramente porque lo desconocemos]).
Sobre el "horror vacui" y la sensación de pánico, miedo inicial que lleva a muchos a llenar su vida ya sea con objetos o conocimientos para evitar ese miedo universal hablaré en otro momento, acabaré explicando la importancia de todo lo anterior para los escritores o algunos artistas.
Muchos escritores sienten la necesidad de llenar sus hojas, sus escritos, sus historias, novelas, poemas o cuentos con determinados elementos recurrentes que dejan huella en todos o casi todos sus escritos, y con los que podemos reconocerles fácilmente.
La mayoría usa sus miedos, fobias, temores o pesadillas para llenar páginas y páginas de textos. Esas fobias, a muchos que los leyéramos, nos pasarían desapercibidas, sin embargo en los textos de muchos escritores quedan plasmados como huellas, como parte de su caracter, de forma sutil en muchos, o muy obvia en otros.
Dalí pintaba hormigas, montones de hormigas e insectos por los cuales se sentía aterrado. Pesadillas que surgían en el surrealismo y... ¿Qué era el surrealismo artístico sino la expresión de nuestros sueños?
Hormigas, huevos rompiéndose, panes, hechos a base de la manipulación de una masa que recrea un acto más erótico que alimenticio mezclando colores y formas, piernas de mujeres con lencería... imágenes de fobias y fetiches de un genio.
Howard Phillips Lovecraft, sin duda, un maestro de la pesadilla, un maníaco de lo inexplicable, explicado desde el horror. ¿Quién sino iba a generar un mito tan fuerte como la creación de Cthulhú? Alguien cuyo pánico fuera su mayor deseo, el mar, un medio por el que sus antepasados llegaron a la tierra en la que nació y en la que moriría. ¿Cómo no mezclar algo conocido como el mar con algo tan inquietante, incierto y desconocido como el cosmos de su época? Ciertamente, el horror extraterrestre entre 1890 y 1937 era mucho mayor del que podamos suponer.
¿Y Jorge Luis Borges?
El gran genio literario, o antiliterario (como afirmaba en muchas ocasiones al desvirtuar de realidad la literatura, poniéndola como engañosa y falsa), cuyo cociente intelectual hacía temblar a los más inteligentes... ¿Acaso él no se encerraba en sus laberintos? ¿Acaso no vería reflejado infinitud de mundos al poner dos espejos, el uno frente al otro? ¿Qué horror le debería producir la proyección de un sinfín de laberintos frente a dos espejos?
Escaleras, setos, calles que se tuercen, laberintos y el otro, ese otro que se ve reflejado en un espejo y que no vemos nunca (porque no podemos arrancarnos los ojos y ver desde otra perspectiva que la que vemos).
¿Qué horror no supone el hecho de no poder ver más que lo que vemos? Para aquellos que queremos conocer más, supone algo verdaderamente terrible.
Proust le daba mil vueltas a sus textos por una magdalena (aunque no fuera el objeto, sino el símbolo, lo que pudiera producirle esa inquietud. El hecho de que un hecho cotidiano pudiera transportarnos años y años atrás en la memoria y revivir miles de hechos al instante).
Poe y sus relatos que quitan el aliento, pegan en la butaca e inquietan a aquellos quienes lo leen. Cuervos, noches, y soledad (temas tan recurrentes entre los escritores).
¿Cómo no mencionar a las mujeres, esas que en las novelas de Ian Fleming parecían simplemente un accesorio del gran James Bond? Tan solemnes e indispensables en novelas de Agatha Christie, tan fuertemente definidas y cuya sensualidad ultrapasaba los sentidos en novelas de Virginia Woolf, en las que incluso los andróginos eran personajes dotados de una dulzura y sensualidad inimaginables en la actualidad.
Todos, o sino la mayoría de escritores introducimos en nuestros escritos una pequeña marca que nos define, que nos calma, que nos hace sentir que lo que escribimos es nuestro, que nos hace sentir que lo nuestro nos conforta, que lo conocemos, y que lo deseamos del mismo modo que lo gozamos cuando lo obtenemos. O que nos hace huir de aquello que nos perturba.
Sin duda, todo escritor se encuentra en una atmósfera de paz y calma cada vez que ejerce de aquello que más y mejor sabe hacer o conoce, escribir.
¿Qué mejor lugar, pues, para un escritor, que escribe por placer, que sus mismos textos para insertar esos elementos que les aleja de sus fobias?
1.-Fobias, manías, pesadillas, fetiches y escritores.
Pueden parecer cinco conceptos muy diferentes, sin embargo se encuentran mucho más ligados de lo que pensamos.
Está claro que tenemos pesadillas con aquello que nos produce miedo, aquello a lo que le tenemos fobia, ¿y qué es aquello que nos provoca pavor sino una manía?
El intento de nuestra mente por protegernos de aquello que considera nocivo para nuestra persona, una fobia, un elemento no superado tras un trauma que Freud indicaría sufrido en la etapa del complejo de edipo (entre los primeros 1 y 6 años de vida) que no ha sido superado.
Nuestra mente trata de poner parches a esas cosas que no hemos sido capaces de superar, comprender, en una etapa temprana y ahora nos produce temor. Esos parches son manías, ceremoniales o supersticiones que usamos para intentar ahuyentar esos miedos que somos incapaces de comprender.
Con cosas conocidas, que nos producen agrado, que entendemos e incluso que nos dan satisfacción o gozo, o simplemente paz y tranquilidad frente al nerviosismo, somos capaces de tapar, de expulsar ese pánico que sentimos cuando vemos, pensamos o sentimos que algo no coincide con nuestra idea del mundo, o que algo nos está amenazando.
Los antiguos griegos explicaban algo que les aterraba y no podían entender, los relámpagos y los truenos, con la idea de que había un dios que los lanzaba a aquellos quienes no estuvieran de su lado. Para superar ese miedo bastaba con hacer cosas que calmaran la ira de ese dios, ceremonias, sacrificios, que aplacaban la ira de Zeus.
En la actualidad, aunque más conocedores de los fenómenos meteorológicos, no estamos exemptos de padecer miedo frente a ciertas situaciones o cosas y usar la imaginación y ciertos ritos para dejar de sufrirlo.
Por ejemplo, el que de niño hubiera sufrido malos tratos sobre una cama cuyas sábanas estuvieran deshechas, verlas del mismo modo, aunque no pudiera comprender o recordar el hecho, le produciría pavor, ya que la mente guarda en el subconsciente recuerdos que conscientemente no somos capaces de recuperar (más aun cuando estos recuerdos son dolorosos, ya que la mente trata de enterrarlos los primeros para acomodar y proteger la vida del individuo de forma natural e instintiva).
En este caso, la persona que hubiera sufrido tal episodio traumático, inconscientemente sufriría dolor al ver una cama deshecha, y trataría por todos los medios de que no hubiera ni una sola arruga antes de acostarse en ella.
Si esta acción se repite constantemente, cada vez que la persona va a acostarse, se convierte en un ceremonial, una manía. Al igual que los antiguos habitantes de Grecia con sus religiones, supersticiones o imaginaciones, generaban una serie de ritos ceremoniales, el individuo trata de realizar ceremonias, como hacer perfectamente la cama, dar vueltas alrededor de ella, dar dos pequeños saltos antes de acostarse, mirar al techo, abrir tres veces la boca, dar dos palmadas, reproducir un pequeño bulto sobre la almohada. o similares, para intentar aplacar su miedo, su inquietud.
Y sin entrar en detalles sobre la neurosis obsesivo-compulsiva... ¿Qué tiene que ver todo ello con los fetiches y los escritores?
Esta pregunta se responde en la siguiente entrada "Fobias, manías, pesadillas, fetiches y escritores. (2)".
Está claro que tenemos pesadillas con aquello que nos produce miedo, aquello a lo que le tenemos fobia, ¿y qué es aquello que nos provoca pavor sino una manía?
El intento de nuestra mente por protegernos de aquello que considera nocivo para nuestra persona, una fobia, un elemento no superado tras un trauma que Freud indicaría sufrido en la etapa del complejo de edipo (entre los primeros 1 y 6 años de vida) que no ha sido superado.
Nuestra mente trata de poner parches a esas cosas que no hemos sido capaces de superar, comprender, en una etapa temprana y ahora nos produce temor. Esos parches son manías, ceremoniales o supersticiones que usamos para intentar ahuyentar esos miedos que somos incapaces de comprender.
Con cosas conocidas, que nos producen agrado, que entendemos e incluso que nos dan satisfacción o gozo, o simplemente paz y tranquilidad frente al nerviosismo, somos capaces de tapar, de expulsar ese pánico que sentimos cuando vemos, pensamos o sentimos que algo no coincide con nuestra idea del mundo, o que algo nos está amenazando.
Los antiguos griegos explicaban algo que les aterraba y no podían entender, los relámpagos y los truenos, con la idea de que había un dios que los lanzaba a aquellos quienes no estuvieran de su lado. Para superar ese miedo bastaba con hacer cosas que calmaran la ira de ese dios, ceremonias, sacrificios, que aplacaban la ira de Zeus.
En la actualidad, aunque más conocedores de los fenómenos meteorológicos, no estamos exemptos de padecer miedo frente a ciertas situaciones o cosas y usar la imaginación y ciertos ritos para dejar de sufrirlo.
Por ejemplo, el que de niño hubiera sufrido malos tratos sobre una cama cuyas sábanas estuvieran deshechas, verlas del mismo modo, aunque no pudiera comprender o recordar el hecho, le produciría pavor, ya que la mente guarda en el subconsciente recuerdos que conscientemente no somos capaces de recuperar (más aun cuando estos recuerdos son dolorosos, ya que la mente trata de enterrarlos los primeros para acomodar y proteger la vida del individuo de forma natural e instintiva).
En este caso, la persona que hubiera sufrido tal episodio traumático, inconscientemente sufriría dolor al ver una cama deshecha, y trataría por todos los medios de que no hubiera ni una sola arruga antes de acostarse en ella.
Si esta acción se repite constantemente, cada vez que la persona va a acostarse, se convierte en un ceremonial, una manía. Al igual que los antiguos habitantes de Grecia con sus religiones, supersticiones o imaginaciones, generaban una serie de ritos ceremoniales, el individuo trata de realizar ceremonias, como hacer perfectamente la cama, dar vueltas alrededor de ella, dar dos pequeños saltos antes de acostarse, mirar al techo, abrir tres veces la boca, dar dos palmadas, reproducir un pequeño bulto sobre la almohada. o similares, para intentar aplacar su miedo, su inquietud.
Y sin entrar en detalles sobre la neurosis obsesivo-compulsiva... ¿Qué tiene que ver todo ello con los fetiches y los escritores?
Esta pregunta se responde en la siguiente entrada "Fobias, manías, pesadillas, fetiches y escritores. (2)".
miércoles, 26 de junio de 2013
¿Que por qué amo al Reino Unido?
La gente tiende a seguir modas, tendencias o incluso a la masa. "¿Has estado en Turquía? Istambul es lo más. Mi primo estuvo el año pasado y yo no he querido esperar más para visitarlo"... "¿El Sahara Occidental? Bestial."... "¿Qué? ¿Londres? ¿Eso no está aquí al lado, a 12 euros ida y vuelta? Cinco veces estuve hace 5 años."
Desvirtuado y olvidado como el pueblo de al lado, si se habla del Reino Unido se habla de Irlanda o Escocia, Inglaterra no está de moda, pero... ¿Eso nos importa a quienes amamos ese país? No, claro, nosotros no seguimos más moda que nuestro instinto y seguimos amando aquello que nos gusta o nos parece bello.
Quizá somos aun demasiado jóvenes para haber visto en directo a The Clash.
Sobrelleva la vida, tú eres la vida.
Muchos llegamos a preguntarnos si merece la pena luchar, si aquello en lo que creemos nos da lo que buscamos...
Uno, después de haber vivido años en este mundo, se da cuenta de muchas cosas y, especialmente, aquellas que le hacen sufrir o las que le hacen gozar... este es un mensaje para aquellos que no están seguros si gozan o sufren:
Mi experiencia personal me ha llevado a ver que hay cosas que me hacen sentir bien, y otras que me hacen sentir mal. A lo largo de mi vida he tratado de experimentar con todo, no cerrándome a nada, porque podía descubrir cosas que me hacían sentir muy bien conociéndolas, y otras que no me hacían sentir nada bien.
Uno no sabe lo que le hace sentir bien hasta que no lo comprueba por él mismo.
Muchos nos hemos cerrado a probar ciertas cosas o conocer ciertos conocimientos por miedo, angustia o simplemente por esa pizca de ignorancia que nos lleva a pensar que todo lo que no nos han enseñado es malo.
Craso error. Millones de cosas, esencias, imágenes y sensaciones que nos transmiten bienestar en la vida nos pasan por alto por que nos han criado para triunfar pero... ¿Y si fracasamos?
Ni hablar. El único fracaso en la vida es quitarse la vida. Mientras tanto nos queda un amplio abanico de posibilidades con las que experimentar y gozar de la vida, con el que poder dar y recibir del mismo modo, dar conocimiento y compartir vivencias.
Muchos nos hemos cerrado a música, teniendo como el mejor nuestro gusto musical. Ninguno es mejor que ninguno, simplemente unos grupos nos gustan más que otros, pero nunca lo descubriremos si no los escuchamos todos.
Lo mismo ocurre con la pintura, el arte en general, los libros, los países, las personas... Hasta que no conocemos a las personas no podemos decir si nos gustan o no. Entonces... ¿Por qué cerrarse a lo conocido? Eso es limitarse y una vida llena, plena, implica abrirse y decidir, quedarte con aquello que te gusta y te llena... ¿Por qué conformarse con aquello que nos es dado y no buscar aquello que deseamos?
Los sueños pueden cumplirse y de todo eso va esto. De que si buscas, si te encuentras primeramente a ti mismo, puedes encontrar todo lo que quieras buscar en este mundo. Porque una vez te conoces, conoces al mundo. Pues el mundo no es otra cosa que lo que tú percibes de Él mismo.
La vida no es como dicen que debes sentirla, sino como la sientes tú. Siendo tú el único dueño de tu vida ¿No merece la pena tratar de ser feliz, con aquello que te guste de la vida, o con aquello que quieras de la vida misma? Que nadie te diga qué necesitas, siente lo que necesites y vé a por ello.
Resultará tonto, raro o algo fuera de lugar, sin embargo lo que me ha inspirado a estas reflexiones ha sido la canción "Me encanta" de las Nancys Rubias... un grupo que nunca habría querido escuchar pero... lo que es la vida ¿Verdad?
Me da igual. Me encanta.
Espero que os encante, que os encantéis a vosotros mismos. No dejéis que sean los demás quienes os digan como "encantaros". Si no os encantáis a vosotros mismos no encantaréis a nadie.
Mucha suerte.
El mundo es un lugar que todos construímos. Es nuestro lugar. Que nadie nos diga como debemos vivir en él.
Uno, después de haber vivido años en este mundo, se da cuenta de muchas cosas y, especialmente, aquellas que le hacen sufrir o las que le hacen gozar... este es un mensaje para aquellos que no están seguros si gozan o sufren:
Mi experiencia personal me ha llevado a ver que hay cosas que me hacen sentir bien, y otras que me hacen sentir mal. A lo largo de mi vida he tratado de experimentar con todo, no cerrándome a nada, porque podía descubrir cosas que me hacían sentir muy bien conociéndolas, y otras que no me hacían sentir nada bien.
Uno no sabe lo que le hace sentir bien hasta que no lo comprueba por él mismo.
Muchos nos hemos cerrado a probar ciertas cosas o conocer ciertos conocimientos por miedo, angustia o simplemente por esa pizca de ignorancia que nos lleva a pensar que todo lo que no nos han enseñado es malo.
Craso error. Millones de cosas, esencias, imágenes y sensaciones que nos transmiten bienestar en la vida nos pasan por alto por que nos han criado para triunfar pero... ¿Y si fracasamos?
Ni hablar. El único fracaso en la vida es quitarse la vida. Mientras tanto nos queda un amplio abanico de posibilidades con las que experimentar y gozar de la vida, con el que poder dar y recibir del mismo modo, dar conocimiento y compartir vivencias.
Muchos nos hemos cerrado a música, teniendo como el mejor nuestro gusto musical. Ninguno es mejor que ninguno, simplemente unos grupos nos gustan más que otros, pero nunca lo descubriremos si no los escuchamos todos.
Lo mismo ocurre con la pintura, el arte en general, los libros, los países, las personas... Hasta que no conocemos a las personas no podemos decir si nos gustan o no. Entonces... ¿Por qué cerrarse a lo conocido? Eso es limitarse y una vida llena, plena, implica abrirse y decidir, quedarte con aquello que te gusta y te llena... ¿Por qué conformarse con aquello que nos es dado y no buscar aquello que deseamos?
Los sueños pueden cumplirse y de todo eso va esto. De que si buscas, si te encuentras primeramente a ti mismo, puedes encontrar todo lo que quieras buscar en este mundo. Porque una vez te conoces, conoces al mundo. Pues el mundo no es otra cosa que lo que tú percibes de Él mismo.
La vida no es como dicen que debes sentirla, sino como la sientes tú. Siendo tú el único dueño de tu vida ¿No merece la pena tratar de ser feliz, con aquello que te guste de la vida, o con aquello que quieras de la vida misma? Que nadie te diga qué necesitas, siente lo que necesites y vé a por ello.
Resultará tonto, raro o algo fuera de lugar, sin embargo lo que me ha inspirado a estas reflexiones ha sido la canción "Me encanta" de las Nancys Rubias... un grupo que nunca habría querido escuchar pero... lo que es la vida ¿Verdad?
Me da igual. Me encanta.
Espero que os encante, que os encantéis a vosotros mismos. No dejéis que sean los demás quienes os digan como "encantaros". Si no os encantáis a vosotros mismos no encantaréis a nadie.
Mucha suerte.
El mundo es un lugar que todos construímos. Es nuestro lugar. Que nadie nos diga como debemos vivir en él.
martes, 2 de febrero de 2010
Alcohol y subconsciente:
Freud habló de la hipnosis, los sueños, la libre asociación de ideas y los lapsus lingua como herramientas para llegar al subconsciente humano. Sin embargo obvió uno tan básico como peligroso, el alcohol.
El alcohol nos animaliza, despierta nuestros instintos básicos y nos deshumaniza, nublándonos la capacidad de raciocinio (aquella que para Aristóteles nos hacía distintos de los demás aniamles "'O andros esti zoon politicon" - "El ser humano es un animal racional") y haciendo incrementar nuestro instinto, sintiendo mayor necesidad por saciar nuestros instintos básicos, puesto que la razón, la consciencia, ha quedado relevada a un segundo plano y le cuesta detener los impulsos primitivos.
Pero dejando de lado los efectos del alcohol sobre la conciencia, formulemos la teoría sobre el alcohol en la subconsciencia.
El ser humano guarda en pequeñas memorias todo lo vivido durante el día y, por la noche, el cerebro se encarga de ordenar toda la información que esas memorias han ido compilando para ordenarlas, deshechar aquello que no sea importante y almacenar lo que sí lo es.
Por ello importante es el dormir bien.
La mente, mientras está trabajando ordenando la información adquirida, nos relaja y nos pasa una película (un sueño), mientras trabaja.
Cuando bebemos, nos cuesta horrores llegar a tener un sueño profundo. Llegamos a la fase REM (Rapid Eyes Movement), pero el alcanzar el sueño profundo es como subir una escalera. Uno tiene que estar completamente relajado para llegar al final de ella y completar el reposo. Esto no ocurre cuando se está ebrio, pues nos cuesta llegar al final y solemos quedarnos en medio, siendo más fácil despertarnos y descansando mucho menos, de hecho casi ni descansamos.
Parte de los síntomas de la resaca alcohólica se deben a no haber descansado como se debiera (aunque sabemos que los dolores de cabeza se deben a que las arterias vuelven a contraerse una vez han pasado los efectos del alcohol y a la sangre le cuesta pasar tan fluida como lo hacía horas antes).
En esa fase de no descanso nocturno por causas del alcohol, el cerebro no puede relajarse y no puede procesar la información como es debido. Es por eso, seguramente, que al día siguiente nos cuesta tanto llegar a recordar qué hicimos el día anterior.
Del mismo modo, el subconsciente queda tocado y no es capaz de generarnos un sueño profundo, así que se limita a pasarnos mezclas de los recuerdos que no es capaz de analizar y ordenar como si fuera una película, por eso nos da la sensación de haber tenido un sueño muy real o de parecer no haber dormido.
El alcohol nos animaliza, despierta nuestros instintos básicos y nos deshumaniza, nublándonos la capacidad de raciocinio (aquella que para Aristóteles nos hacía distintos de los demás aniamles "'O andros esti zoon politicon" - "El ser humano es un animal racional") y haciendo incrementar nuestro instinto, sintiendo mayor necesidad por saciar nuestros instintos básicos, puesto que la razón, la consciencia, ha quedado relevada a un segundo plano y le cuesta detener los impulsos primitivos.
Pero dejando de lado los efectos del alcohol sobre la conciencia, formulemos la teoría sobre el alcohol en la subconsciencia.
El ser humano guarda en pequeñas memorias todo lo vivido durante el día y, por la noche, el cerebro se encarga de ordenar toda la información que esas memorias han ido compilando para ordenarlas, deshechar aquello que no sea importante y almacenar lo que sí lo es.
Por ello importante es el dormir bien.
La mente, mientras está trabajando ordenando la información adquirida, nos relaja y nos pasa una película (un sueño), mientras trabaja.
Cuando bebemos, nos cuesta horrores llegar a tener un sueño profundo. Llegamos a la fase REM (Rapid Eyes Movement), pero el alcanzar el sueño profundo es como subir una escalera. Uno tiene que estar completamente relajado para llegar al final de ella y completar el reposo. Esto no ocurre cuando se está ebrio, pues nos cuesta llegar al final y solemos quedarnos en medio, siendo más fácil despertarnos y descansando mucho menos, de hecho casi ni descansamos.
Parte de los síntomas de la resaca alcohólica se deben a no haber descansado como se debiera (aunque sabemos que los dolores de cabeza se deben a que las arterias vuelven a contraerse una vez han pasado los efectos del alcohol y a la sangre le cuesta pasar tan fluida como lo hacía horas antes).
En esa fase de no descanso nocturno por causas del alcohol, el cerebro no puede relajarse y no puede procesar la información como es debido. Es por eso, seguramente, que al día siguiente nos cuesta tanto llegar a recordar qué hicimos el día anterior.
Del mismo modo, el subconsciente queda tocado y no es capaz de generarnos un sueño profundo, así que se limita a pasarnos mezclas de los recuerdos que no es capaz de analizar y ordenar como si fuera una película, por eso nos da la sensación de haber tenido un sueño muy real o de parecer no haber dormido.
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