lunes, 14 de octubre de 2013

Materia y energía más allá de la vida.

Antoine Lavoisier en el siglo XVIII ya anunció que la materia ni se genera ni se destruye, solo se transforma. Algo que compartió con Mijail Lomonosov, quien 40 años antes ya lo había experimentado tras comprobar que después de una reacción química, la materia resultante era la misma que la existente anteriormente a dicha reacción.

A esta teoría se la conoció como la Teoría de la conservación de la materia. Y se da por válida desde entonces.
Sin embargo, Einstein (como no) fue un paso más allá, y añadió a dicha fórmula de conservación su equivalente en energía.

Es decir, Einstein observó que existía cierta parte de materia que sí podía variar tras una reacción química, y es que si dicha reacción genera una energía, esto es porque parte de la materia queda desprendida para generar esa energía.

Para poner un ejemplo práctico visual. Si tenemos dos cantos rodados, dos piedras de río, redondas, y las friccionamos, las hacemos chocar, de ellas se desprenderán chispas, producidas por el roce entre ellas, y si al cabo de poco tocamos la zona con la que han friccionado, notaremos que están bastante calientes, dependiendo de la fuerza empleada incluso quemarán.

Ese calor es la energía desprendida de la pérdida de materia que ha supuesto chocar ambas piedras, al igual que las chispas desprendidas.

En ese sentido, la equivalencia del resultado de la materia y la energía será la misma cantidad. Es decir, que la materia se transforma en energía, y la energía produce un cambio en el ambiente.

Si lo traducimos al cuerpo humano, aunque a algunos les queda lejos eso de que el cuerpo humano pueda generar una bioelectricidad equivalente a una pila de 140 voltios, que genera una energía calórica de 25 kilojoules, la verdad es que científicos ya están experimentando la forma de poder aprovechar esa energía que nuestro cuerpo genera para hacer funcionar otros aparatos (y de esto es posible que hable en breve).

Por lo pronto... por figurarse qué podría pasar con nuestra energía y nuestra materia al morir... Bueno, no hay que figurarse mucho.
Nuestra materia se descompone, se funde con la tierra, con el aire, las partículas se desprenden y se separan de nuestro cuerpo, y al quedar liberadas, forman gases (metano en su mayoría) que se acumula en el suelo... que puede llegar a generar una energía concentrada tal que pueda producir los famosos fuegos fatuos.

En efecto. Lo que muchos tienen por ultramundano y esotérico, brujería o inexplicable, o incluso la propia aparición del alma humana, la ciencia lo explica.
Los fuegos fatuos son combustiones de los gases acumulados en el subsuelo generados por la descomposición biológica de los cuerpos.
Si alguna noche paseáis por un cementerio y veis un fuego tenue en la tierra, no salgáis corriendo con las manos en la cabeza exclamando alaridos, posiblemente estéis frente a un fenómeno natural de combustión de gases del subsuelo producida por la descomposición de la materia, o bien por la inflamación de ciertas materias, como el fósforo, también por la putrefacción.

Y de todo ello me sirvo para decir que finalmente, cuando morimos, toda esa energía queda ahí, permanece, no se va a otro mundo, sino que sigue fluyendo en este.
Y si sigue fluyendo, alimentará a otros seres, de algún modo, nuestro cuerpo alimentará la tierra, la hará fértil de nutrientes, para que crezcan árboles. Así mismo, gusanos se alimentarán de nosotros, para alimentar a pájaros, que se servirán de la energía que les dé para seguir volando...
Y la energía que se desprende de nosotros, al descomponernos, al dejar de movernos, seguirá fluyendo, también, hasta... ¿Quién sabe? Alimentar la capa de ozono, alimentar la ionosfera, alimentar la magnetosfera, alimentar una estrella, permanecer en la tierra hasta que esta sea engullida por el remanente de supernova de nuestro Sol cuando estalle... y este remanente incendie una bolsa gaseosa y cree una nebulosa de la que empiecen a nacer nuevas estrellas y nuevos sistemas planetarios... etc.

Parece ser, que si la energía siempre sigue siendo la misma... es paradójico hablar de el fin de la vida, si el principio de la vida es la energía.




1 comentario:

  1. Energía es movimiento, pero creo que hay algo más.
    http://www.asociacionideatica.com/cosmologia.pdf
    Ramon Marquès

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