domingo, 3 de septiembre de 2023

Japón, 2º viaje: 1 día. Sapporo (Hokkaido).

Llegaba a Japón (aeropuerto de Narita) a las 12:30 del mediodía del 22/12/2019. De allí, con la compañía Jetstar, hacía transbordo a vuelo doméstico hacia New Chitose en Hokkaido. El cambio tuve que hacerlo muy rápido. Disponía apenas de 60 minutos y debía recoger el equipaje, pasar el control, dirigirme al mostrador de JetStar e ir a embarcar. Llegaba muy muy muy justo de tiempo y en el mostrador, una persona prácticamente saltó para recoger mi equipaje de bodega y ponerlo en la cinta. La mujer que me entregaba los billetes, haciendo alarde del "omotenashi" japonés (es una palabra que, tanto significa "bienvenida" como el carácter acogedor y ceremonioso con el que tratan a los recién llegados, desconocidos, clientes, etc.), se disculpó hasta tres veces porque se procedió a realizar el embarque con 2 minutos de retraso. Tres disculpas por dos minutos a alguien que de por sí ya llegaba tarde. ¿Os imagináis esto en España? LLegué, embarqué y el vuelo de Tokyo a Sapporo fue súper agradable. Agradecí (y recomiendo a aquellos quienes quieran volar internamente por Japón de forma LowCost) volar con esta compañía. En el precio entraba la merienda (delicioso). Otra compañía LowCost de vuelo doméstico es Peach, quizá más barato, pero preferí las prestaciones de JetStar.
En las fotos, montañas del norte de Honshu, la isla principal, unas montañas que parecen deribadas de un volcán y llegada a Chitose. Al llegar al aeropuerto, me había hecho con el Japan Railpass (te llega a casa el resguardo y lo cambias en las estaciones de tren principales o aeropuertos), y tenía una tarjeta SIM que cambié por la mía mientras estuviera en Japón. Tras el canjeo, viajé en tren hasta la capital de Hokkaido, Sapporo. Allí, salía por la estación principal:
Como se puede ver, a las 17h. ya anochecía. Hacia las 16:30 se ponía el sol, así que había que aprovechar el día desde muy temprano para aprovechar las horas de sol. Sin embargo, como se verá por las fotos, se acababan visitando cosas de noche. Llegados a este punto, ¿por qué tan poca gente elige visitar Hokkaido con lo hermoso que es? Bien... Normalmente, la imagen que tenemos desde el exterior de Japón de ese país es la de un país futurista (Tokyo, Osaka), con capitales tradicionales con geishas y santuarios (Kyoto), uno de los dos bombazos atómicos (Hiroshima) y el que ha leído alguna guía turística antes de emprender el primer viaje conocerá excursiones a lugares con mogollón de templos y santuarios (Miyajima, Nikko, Nara), explotaciones turísticas abrumadoras (Kamakura) y onsens con vistas al monte Fuji (Hakone). A lo sumo, alguien se introduce en el mundo samurai y se va a Takayama y/o Shirakawa-go y visita el castillo de Himeji. ¿Qué tienen en común todos estos lugares? Que están en la isla principal, Honshu, la más turística, pintoresca y reconocida mundialmente. Por lo que, evidentemente, si tienes 15 días, visitas Honshu, y punto. Hokkaido, ¿mejor época para visitarla? Invierno. Hay festivales de invierno y la nieve es un completo espectáculo. Al que le gusta el esquí lo flipa. El que no ha visto la nieve lo flipa. El que sí la ha visto pero no en tal cantidad, lo flipa. Luces, nieve, onsens, volcanes... Otra época es primavera, y se visita las granjas de flores, como las de Furano (que es algo más que el equipo de fútbol de "Philip Callaghan" [Matsuyama Hikaru] de la mítica serie Oliver y Benji [Captain Tsubasa]), Yo no pude verlas porque en invierno no hay flores, pero os dejo una imagen para que os hagáis una idea:
Bien, sigamos con el viaje. Al poco de salir de la estación, por una gran avenida, asoma la torre de Sapporo:
La torre, construida en 1957 por Tachu Naito (el mismo que diseñó la Torre de Tokyo [son muy parecidas] inspirada en la Torre Eiffel, y la Torre Tsutenkaku [la veremos más adelante, en Osaka]), es sede de la televisión de Hokkaido, mide 147 metros y cuenta con un mirador a los 90 metros, al cual no fui porque decidí ir al de la JR Tower (en la estación), ya que el mirador situado a los 170 metros de altura ofrece una panorámica mucho más amplia de la ciudad y de su entorno.
Pero esta la visité después de ir al Museo de la Cerveza (Sapporo). Muy interesante y en donde puedes hacer una degustación o comer en el Genghis Khan Hall (un restaurante de carnaza que venden un plato dedicado al emperador mongol que es difícil acabárselo de lo grande que es, llamado Jingisukan [sí, el mismo nombre en japo']).
Nieve en el exterior.
Nieve en lo que es el biergarten.
Nieve en el Sapporo Beer Museum.
Cerveza histórica... Hay que decir que ese día estábamos a -6ºC. Después volví al JR Tower, para ir al mirador del piso 38. Preciosas vistas nocturnas de Sapporo, acompañado, como no, por una cerveza Sapporo (ojo, lo curioso es que beber en bares es más caro que en restaurantes, en restaurantes más caro que en máquinas expendedoras, y en máquinas expendedoras más caro que en supermercados.
El edificio, en el que se encuentra un centro comercial, tiendas de ropa, restaurantes, etc.
Vistas de Sapporo.
Más vistas de Sapporo.
Miniatura Lego de la JR Tower.
Cena en el centro comercial, ya en las plantas inferiores.
Nieve y luces en Sapporo.
Y finalmente volví al hotel que, por cierto, era un hotel cápsula muy barato. Pasaría allí dos noches por unos 19 euros (sí, 9'5€ la noche). Si buscas bien puedes encontrar muy buenos precios. El hotel no estaba mal, tenía todas las amenities necesarias y el espacio era suficiente para dormir cómodamente (claustrofóbicos, evitad este tipo de hoteles).
El primer hotel cápsula (y el mismo concepto de hoteles cápsula) surgió de Kishio Kurokawa, uno de los arquitectos fundadores del Movimiento Metabolista. Ese primer hotel cápsula fue lanzado en Osaka el 1979.
Este tipo de hoteles suelen encontrarse cerca de lugares de ocio o de centros de trabajos, oficinas... porque muchos trasnochadores, gente que sale tarde del trabajo o gente que ha bebido mucho por la noche y no se ve capaz de llegar a casa (o se avergüenza de llegar en condiciones lamentables) acaban alquilando una habitación cápsula por cercanía y precio. Generalmente tiene unos buenos baños (no solo duchas, sino baños onsen de aguas calientes). Por estas razones es fácil encontrarse con muchos huéspedes japoneses.
Como se ve, la cápsula cuenta con televisor, radio-despertador, auriculares, perchas, el colchón ligero, una almohada, sábanas, luz interior, ventilación y la cortinilla para cerrar y que no entre luz externa.
El número de cápsulas por pasillo o piso varía según el hotel. Este contaba con unas 36/38 cápsulas por piso. El acceso a los baños estaba en otro pasillo. Los pasillos de cápsulas están aislados por una puerta corredera.
Las taquillas para guardar las maletas suelen ser pequeñitas, o delgadas o pequeñas. En casos hay que dejar la maleta en algún pasillo porque no hay más espacio, pero no hay problema, nadie va a abrirte la maleta, ni robarte nada. En Japón suelen tener mucho respeto por lo ajeno.
Y hasta aquí el primer día de mi segundo viaje a Japón. Próximamente, el segundo día, con la visita a los onsen de Jozenkai, la destilería Nikka en Yoichi y los canales de Otaru.

jueves, 31 de agosto de 2023

Tigre y león.

Había una vez, un León que vivía muy cómodamente en la selva. Comía lo que le apetecía, cuando le apetecía. Corría por todo el territorio, porque decía que toda la selva le pertenecía, menos un pequeño espacio, que era para los tigres. En esa selva, también vivía un Tigre. Vivía tranquilo, cómodo, seguro y con lo que iba consiguiendo, siempre esforzándose por conseguir cada día un poco más de lo que tenía, pero sin dejar de sentir el aire correr por su pelaje, sin dejar de sentir el sol calentando su cuerpo, sin dejar de sentie las gotas de lluvia refrescando su piel en las tórridas tardes de verano... El León no recordaba nada de eso, estaba muy preocupado por todo lo que poseía y se había vuelto muy ambicioso. Tanto, que veía a los pájaros y pensaba:- ¡Esos pájaros! ¿Quiénes se creen que son? ¡Yo soy el rey de la selva, por lo tanto, el cielo también debería ser mío! Ellos no son dignos de volar libremente. ¡Yo, que pertenezco a la realeza, debería poder hacerlo! ¡Les prohibiré volar!- El León prohibió volar a los pájaros, que fueron al final a vivir con los tigres. El León, veía que nadie volaba, y pensaba que era feliz, pero entonces vio que los tigres y los pájaros reían. Jugaban, lo pasaban bien. El León no entendía por qué podían hacer eso, si los tigres tenían poco espacio y los pájaros no podían volar. Un día, molesto, cansado, triste, el León se acercó a los pájaros y a los tigres y les preguntó:- ¿Por qué reís, jugáis y parecéis felices, si tenéis tan poco espacio, si no podéis volar?- Uno de los tigres le dijo:- Trabajamos juntos, para hacer de este espacio un espacio más hermoso. Porque, aunque sea un buen espacio, pensamos que puede ser mejor si juntos buscamos la forma de que sea un espacio bueno para todos.- El León, extrañado, le preguntó a los pájaros:- Oid, pájaros. Os he prohibido volar. Ahora que no tenéis el cielo, ¿por qué parecéis felices?- Los pájaros le contestaron:- El cielo solo es un espacio, como este. Da igual lo grande o pequeño que sea. Da igual la cantidad de cosas, juguetes, riquezas que poseas, a la larga, todos sentimos lo mismo. El viento sopla igual para todos. El sol calienta igual para todos. La lluvia moja igual para todos. La diferencia está en que mientras unos dejan de sentir la lluvia cubriendo su piel en una tórrida tarde de verano, mientras dejan de sentir la suave brisa de la mañana acariciar su piel mientras pasean... cuando dejan de ver la hermosura de la luna porque no la poseen, sino porque brilla igual para todos... mientras dejan de sentir el calor del sol en un día despejado de invierno... mientras dejan de ver lo blanca que es la nieve en los picos de las altas montañas y mientras dejan de pensar en escalarlas porque saben que son suyas... El resto de nosotros vivimos sintiendo cada caricia de aire como única, porque no es nuestra. Cada rayo de sol como único, porque es un regalo de la naturaleza para todos. Cada gota de lluvia como indispensable, pues vivimos del agua. Y todo ello es libre, para todos. La diferencia está en que quienes creen poseerlo todo, acaban olvidando que hay cosas que jamás podrán ser suyas, porque son de todos y, al final, esas cosas que nos hacen sentir vivos a todos las acaban sintiendo y disfrutando más aquellos quienes no atesorar cosas innecesarias, sino aquellos quienes sienten y se dejan envolver por todo aquello que la vida les ha regalado. El León no entendió nada de lo que los pájaros y los tigres le decían. Así que uno de los tigres siguió diciéndole:- Verás, León. ¿A ti qué te hace sentir más vivo, sabes que tienes kilómetros de terreno que es tuyo pero no moverte de tres metros a la redonda o pasear por él, sin importarte de si es de alguien o no, simplemente disfrutando de las hojas de los árboles, los frutos, la luz del sol filtrándose por las ramas y acariciándote el cogote. ¿O la lluvia? Que cae para todos, nos refresca y riega los campos que da frutos para que todos podamos vivir. - Bueno- prosiguió el León-, la verdad es que lo que me hace sentir vivo es todo lo que decís. Pero hace mucho tiempo que no siento eso.- - Eso es- prosiguó el Tigre,- porque has tenido tanto, que has olvidado tus regalos.- - ¿Mis regalos?- Preguntó el León. - Sí.- Respondió el Tigre.- Todos nacemos con los regalos de la naturaleza. Todos sentimos. Sentimos el aire fresco por igual en los veranos cálidos. La lluvia refrescante en tardes calurosas. La fría nieve en invierno cuando buscamos el resguardo del hogar, sea este grande o pequeño. La sensación es la misma, la de estar en casa. Cuando amaina la nevada, notar la nieve en las manos mientras jugamos con ella. La belleza de las flores en primavera... Pero, quienes se olvidan de todo ello y se centran en poseer, sin control, acaban olvidando lo que nos hace vivos. Acaban dejando de sentir, y quieren que el resto también esté igual. Tú, León, lo has hecho con los pájaros. Les has prohibido volar, porque tú no has gozado del cielo. Nos has limitado a los tigres a este espacio, porque has querido obtener más espacio. Sin embargo, tenías tanto espacio que no lo has disfrutado. Y nosotros, hemos sido felices con el espacio que hemos tenido. ¿Sabes por qué?- -No...- Dijo apenado el León. - Porque nosotros nos teníamos los unos a los otros. Y cuando enviaste a la tierra a los pájaros, nos hicimos amigos, siendo más grande el grupo de amistad que teníamos y sintiendo que no era tan grande el espacio que necesitábamos. Sintiendo que mientras nos tuviéramos, lo teníamos todo.- El León se entristeció mucho. Ya no envidiaba la felicidad de los demás. Sentía pena porque él no era feliz aunque hubiera conseguido que nadie volara por el cielo, ni que nadie se acercara a sus tierras. Finalmente entendió que daba igual quien volara por el cielo, mientras él pudiera sentir el aire moviendo su melena. Daba igual quien recorriera la selva, mientras él también pudiera cubrirse con la sombra de las palmeras, sentirse acariciado por las gotas de la lluvia o poder entablar una conversación mientras pasea por la selva. Al final, el León entendió que no debía pensar tanto en si los demás sentían o dejaban de sentir y se centró en sentirlo él, porque se dio cuenta que su felicidad no dependía de si los demás eran felices o estaban tristes. Se dio cuenta de que su felicdad era sentirse vivo y compartirlo con los demás. De esa forma, todos los animales de la selva compartieron el mismo espacio. Todos se respetaron. Todos sintieron el viento correr por su pelaje. Todos sintieron la humedad de la lluvia en las tardes estivales. Todos bebían del agua cristalina del río, comían la fruta fresca de los árboles y se arropaban con su sombra. Todos acababan sintiéndose seguros en sus casas, refugiados, cálidos, cuando caía una fuerte nevada y al día siguiente todos jugaban juntos con la nieve. Así, los leones entendieron que su felicidad no dependía de la de los demás, sino de compartirla con los demás. De compartir vivencias, espacios, juegos y juntos harían de la selva un lugar mejor en el que vivir. FIN.

Japón 2º viaje. Del 22/12/2019 al 06/01/2020.

Bien, después de un largo tiempo sin publicar nada, me he animado a publicar mi segundo viaje a Japón, algo distinto del primero, ya que, en primer lugar, lo hice en solitario. En segundo lugar, fue en época navideña y fin de año, en invierno. Y en tercer lugar, visité zonas que no conocía, como Hokkaido, Osaka, Kobe y Gotemba. Fue un viaje bastante más extenso, pero para ello contaba con 2 días más que el primero. Esta vez viajé con Alitalia (actual ITA-Airways). El viaje fue bastante agradable, con escala en Fuimicino a la ida y Hong Kong y Fiumicino a la vuelta. Se hizo corto. Aterrizaría en el Aeropuerto Internacional de Narita, Tokyo (a 30 km. del centro de la capital). De nuevo, y como inicio, expondré mi itinerario y una comparativa de tamaños para haceros una idea de la extensión de país que visité.
En el mapa, los puntos rojos grandes representan los lugares en los que hice noche, los pequeños, las excursiones de 1 día. La línea roja gruesa es el vuelo de Narita a New Chitose, la negra es desplazamientos en tren, la lila, la ruta de vuelta (que se corresponde con la negra, menos en ese tramo). Los números, el orden de visitas. El primer día, el 22, aterricé en Narita y, corriendo (tenía apenas 55 minutos) recogí la maleta y me dirigí a las salidas domésticas para tomar otro vuelo con la compañía Jetstar (recomendadísima si voláis internamente por Japón) para volar hacia el aeropuerto New Chitose, en Hokkaido, ya que iba a la capital de la segunda isla más grande de Japón, Sapporo. Durante el vuelo, cuanto más al norte ibas, podías ver la tierra y montañas nevadas, hasta la costa. Grandes capas de nieve se agolpaban en todo el terreno, creando un paisaje relajado, calmado, blanco, puro, apabullante. Al llegar al aeropuerto tomé un tren hacia Sapporo. Llegué sobre las 15:00 a la capital del norte. Una hora más tarde anochecía. El segundo día sería de puras excursiones. A Jozenkai, para visitar sus onsen (baños de agua caliente, algunos al aire libre), luego a Yoichi para visitar las destilerías y museo de whisky Nikka. Después, Otaru, la "Bruselas" japonesa. Ese día, volver a Sapporo para el día siguiente ir a Sendai. En Sendai, visita al castillo y a la estatua gigante de mármol blanco de la diosa Kannon, impresionante verla de noche (bueno, impresionante verla en cualquier momento, es casi aterradora). Día 25, visita a Nikko. Día 26, visita a Gotemba, a los pies del monte Fuji. Día 27, visita a Ise (donde se encuentra el santuario más sagrado de todo el sintoismo). Día 28, Osaka (espectacular ciudad moderna con gran despliegue de ocio). Día 29, Kobe (gran olvidada y muy grata visita). Día 30, Hiroshima. Día 31, Miyajima. Días 1 y 2, Kyoto. Días 3, 4 y 5, Tokyo (el 6 fue la vuelta :( ) ¿Y qué distancia recorrí? Pues cuelgo un mapa comparativo de Japón con España y Francia:
A pesar de su longitud y de contar con hasta 13.000 islas (la mayor parte inhabitables), Japón contaría con 2/3 partes del tamaño de España, ya que a lo ancho apenas 200 kilómetros separan el mar de Japón y el océano Pacífico. ¿Qué sensaciones y diferencias encontré con el primer viaje? Bueno, en los lugares comunes, visitados anteriormente, nostalgia. Tenía recuerdos de los lugares en los que ya había estado que me transportaban al pasado. Podría decirse que era una sensación agridulce. Por una parte, no estaba sintiendo lo mismo que al principio. Era un lugar, una zona, que ya conocía, y al volver en solitario no sentía lo mismo. Por otra, conocía la zona, sabía lo que había, cómo interactuar con el entorno, y aunque no me supusiera la fantasía inicial de sorpresa, sí me producía cierta sensación de calma, de mímesis. Podía sincretizarme con el entorno en el que me encontraba porque lo conocía. En cuanto a los lugares nuevos, nuevas sorpresas, nuevas sensaciones. Japón es un país que te bombardea con estímulos que cuesta asimilar, porque te son muy novedosos, distintos, desconocidos o sorprendentes. Incluso difíciles de descifrar, decodificar o entender. Eso hace que el tiempo se acelere, que tu sensación sea la de fluir constantemente y pasar de un lado al otro sin apenas haber asimilado lo que has visto. Pues eso es Japón. En los siguientes posts voy a detallar día a día todos los lugares que visité en este viaje. Espero que los disfrutéis.

martes, 17 de marzo de 2020

Coronavirus, ¿en qué punto estamos y a dónde nos dirigimos?

Llevamos algún mes cuya noticia más sonada y remarcable es la afección de este nuevo virus de escala mundial sobre la población humana.
Muchos éramos los escépticos quienes, datos en mano y comparándolo con la peligrosidad de otros virus más letales como la gripe, ébola, fiebre amarilla... pensábamos que se estaba exagerando no solo con las medidas que se estaban tomando sino también con la alarma social que estaba generando.

¿Cómo podía ser que un virus que ha aparecido hace dos meses y medio y que ha causado solo la mitad de muertes en todo el mundo que la gripe en España al año dé tanto de que hablar?
La respuesta podría ser tan simple como rápida: 1, afecta al primer mundo y 2, su propagación es alarmantemente rápida.

A estos efectos, de haber seguido una vida normal, sin restricciones, probablemente ahora mismo estaríamos hablando de un contagio del 1% de la población mundial, o lo que es lo mismo, 72 millones de infectados, alcanzando el millón ochocientos mil defunciones por la enfermedad derivada del virus. Teniendo en cuenta que los expertos aseguran que el contagio podría alcanzar al 60% de la población, el número de muertos podría alcanzar la cifra de cien millones, algo totalmente inaceptable e impermisible.

Otro factor que hacen que esta enfermedad sea tan temida como alarmante es que hasta la fecha no existe ninguna vacuna ni método para restringirla. Por lo tanto, es de rápida propagación y es letal para aquellas personas inmunodeprimidas, con dolencias respiratorias o de avanzada edad.

Entonces ¿actuamos a tiempo o se nos escapó de las manos?
Viendo la evolución de la enfermedad y cómo se ha actuado en diferentes países, podría ser que hubiéramos actuado a tiempo. En China (un país con más de mil millones de habitantes concentrados, su mayoría, en grandes conurbaciones), los casos empiezan a remitir y la curva evolutiva de la enfermedad se revierte. Esto mismo parece estar ocurriendo en Corea del Sur.

No obstante, sabemos que en países como China los ciudadanos no gozan de los derechos y libertades que gozan los ciudadanos europeos, por lo que las medidas de contención son mucho más severas, llegando a controlar a la población mediante monitorización, vía satélite, conexiones a internet, intervención de teléfonos móviles y otros métodos que violarían muchas de las leyes de protección de datos, entre otras, que los occidentales tenemos para protección de nuestra intimidad.

Posiblemente pudimos actuar antes, no menospreciando la rapidez con la que se propaga ese virus y los efectos tan letales que produce en la población de riesgo. Seguramente la propagación habría sido más lenta y menos extensa. Pero ¿estaríamos hablando de un escenario distinto? Con casi toda certeza, no. Las medidas que se hubieran tenido que tomar habrían sido tan similares como las actuales (y aun tendrán que endurecerse más si realmente queremos acabar con la infección).

Es difícil valorar si se actuó rápido o no, teniendo en cuenta el impacto económico a escala mundial que supone el parón productivo por parte de tantos países y la pérdida que supondrá, bancos incluidos, la recesión, tanto de índices bursátiles como económica, productiva y de valores. Pero cuando se trata de salvar vidas, por pocas que fueran, deberíamos sobreponernos a los números, ya que la vida de una persona no debería poderse valorar según pérdidas de dinero.

Por otro lado, vemos que los números cambian mucho, de un día para otro, de una región a otra y que resulta extraño ver que la mitad de nuestros políticos de primera línea están infectados pero nosotros no conocemos a nadie cercano con la enfermedad. Esto podría deberse a una infradiagnosticación debida a la falta de recursos. Claro, los primeros en poder ser diagnosticados son los dirigentes del país, luego, ya si eso, la población, por eso aparecen tantos políticos con coronavirus, pero apenas conocemos ni familiares con las dolencias.

Por esa razón, también, vemos que el porcentaje de defunciones asciende en comparación con los enfermos. Esto se debe a que hay muchos más enfermos de los que se contabilizan, ya que muchos de nosotros, confinados, y alentados por los avisos de las autoridades sanitarias, ni nos acercamos a los hospitales saturados de gente para ser diagnosticados. Tengamos lo que tengamos, gripe, coronavirus, resfriado común, Munchausen o hipocondría, nos quedamos en casa para no propagar, ya que no somos personas de salud comprometida, y lo pasamos como siempre lo hemos pasado, con caldos calientes, cama y toallas húmedas.

Todo ello hace pensar que el número de contagios es realmente muy superior al número que aparece. Nos hace pensar que posiblemente se haya actuado tarde. Nos hace pensar que aunque se están tratando de tomar las medidas adecuadas, en un mundo tan globalizado y ultraconectado, con hasta 200.000 vuelos en 1 día... cualquier virus puede llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de horas o días, por lo que, parece ser, la única solución contra el CoVid-19 va a ser que se encuentre una vacuna pronto, que las farmacéuticas se hagan con ella y se forren vendiéndonosla y se reactive la economía, inyectando una gran dosis de inversión de fondos en investigación y mirando hacia el futuro... que ya lo tenemos aquí, la ingeniería genética.

Coronavirus, imagen de CNNEspanol.cnn.com

sábado, 5 de octubre de 2019

S.O.S. Planeta.

Tranquilo/a, no voy a escribir sobre cosas que ya sabes. No hablaré de los 8 millones de toneladas de plástico al año que acaban en el mar, ni de cómo eso está acabando con especies marinas, destruyendo ecosistemas y, si no te importa mucho otra vida animal que no sea la humana, tampoco hablaré de cómo está destrozando paisajes naturales, ensuciando playas en las que después nos bañamos e intoxicando especies marinas que luego van a parar a nuestros estómagos.

No hablaré de nada de eso, porque eso es algo que ya sabes. De lo que voy a hablar es cómo todo eso nos sigue dando igual, cómo la destrucción del planeta y el perjuicio de nuestra salud nos importa muy poco o nada.

Imagen de National Geographic.


Este verano, nadando en las playas de Barcelona, vi flotando muy cerca de la orilla una botella de plástico. Había varios nadadores cerca de la botella, y aun viéndola, nadie hacía nada al respecto. La miraban y después la sorteaban mirando hacia otro lado, como si la botella de plástico no estuviera ahí, o como si fuera algo normal tener que sortear el plástico en las costas del mediterráneo. Escuché incluso a alguien quejarse: -joder qué guarra es la gente...- sí... qué guarra... pero tú ves esa mier** y la dejas flotando.

Tuve que acercarme hasta donde flotaba, recogerla, sacarla del agua y llevarla al contenedor de reciclaje, con algo de vergüenza, encima, por que alguien llegara a pensar que esa basura era mía. Y es que así somos, el ver a alguien recogiendo la porquería que otro tira aun nos parecerá indigno. Pues creo yo que más indigno es ver que estamos haciendo de la tierra un vertedero que heredarán los que vienen detrás de nosotros y no hacemos nada al respecto.

En un par de ocasiones más, la misma actitud. Por la calle, bolsas de plástico vacías son arrastradas por el viento. La gente las mira, las sortea, y sigue su paso mirando a otro lado. Cuando yo veo esas bolsas arrastrándose por el suelo, lo primero que pienso es en cómo tiene que ser el desgraciado que se ha deshecho de ese plástico sin importarle un pimiento lo que ocurra, sabiendo lo perjudicial que es. Luego las recojo y las deposito en los contenedores de reciclaje. Y vuelvo a pensar "deben pensar que esa bolsa es mía y que no he tenido el suficiente cuidado, así que la he tenido que recoger del suelo", y esto es porque estamos haciendo normal que si alguien recoge algo del suelo no es porque quiere una ciudad o un mar más limpio, sino porque se le ha caído.

Imagen de National Geographic.

El colmo ya ha sido escuchar críticas y desprecios a la gran labor de la activista de 16 años Greta Thunberg. Algunos afirmando que "un amigo me ha dicho que ha leído que sus discursos son plagios...", o cosas como "lo que tiene que decir se lo escriben los lobbies energéticos..." y todo ello así, sacado de la manga, como si les molestara que alguien luchara por un mundo mejor, como si les molestara que una chica de 16 años plante cara a la mismísima ONU o, quizá, estén avergonzados de que exista gente tan concienciada con el problema y que luche tanto, desde edades tan tempranas, cuando ellos lo máximo que han hecho por el medio ambiente ha sido compartir una imagen de una ballena vomitando plástico en facebook y tras el click se han sentido automáticamente comprometidos con el planeta.

Con todo esto no pido que todos nos volvamos ultraecologistas o que mandemos a la cámara de gas a aquellos quienes veamos lanzar porquería al suelo (ya que acabaríamos extinguiéndonos...), pero sí pido un poco más de sensibilización, que no cuesta nada y ya sabemos cómo debemos actuar para tratar de mejorar el lugar en el que vivimos.

domingo, 8 de septiembre de 2019

13 días en Japón: 13. Tokyo (3): Palacio imperial, Akihabara (frikilandia) y Roppongi Hills.

Día 13, último día entero que pasaríamos en Japón, ya que el siguiente lo destinaríamos a ir al aeropuerto y poco más.

Se notaba que era el último día y, al escribir sobre él, vuelvo a revivir la sensación como de cierta pena por tener que dejar este país al día siguiente. Esa sensación de ser las últimas 24 horas antes de la vuelta. La sensación de un domingo tranquilo antes de un lunes ajetreado, del día antes del fin de las vacaciones y vuelta al trabajo. Habíamos visto tanto y nos quedó tanto aun...

Ese día fuimos en metro (casi 1 hora) hasta la parada de Sakuradamon Station, justo enfrente de la puerta de entrada al Palacio Imperial con el mismo nombre, Sakuradamon (o portal del cerezo).

Antes de entrar, caminamos un rato por fuera, ya que allí, en el barrio de Chiyoda, se encontraban varios edificios gubernamentales, como las oficinas de la agencia estatal de policía e intendencia (abajo en la foto), varios ministerios y el edificio de la Dieta o del gobierno de Japón, lo que vendría a ser el Parlamento.

Edificio de la Agencia Estatal de Policía e Intendencia.
Edificio de la Dieta o Parlamento japonés.
Desde aquel punto se podía ver el barrio de Minato, con Roppongi Hills al fondo a la izquierda.

Minato y Roppongi Hills al fondo.
Pero si fuimos a aquella zona era para ver el Palacio Imperial, o lo que de él podíamos ver, ya que permanece todo el año cerrado y solo se permite la visita el primer día del año. No obstante, el paseo por el parque exterior y la vista de las puertas de entrada, los puentes y parte de los laterales del Palacio eran preciosos.
Puerta de Sakuradamon, entrada al recinto del parque del Palacio Imperial.
Puerta de Sakuradamon desde dentro, con el foso.



Una vez dentro, comprobamos como mucha gente usaba los exteriores del parque como zona de entrenamiento de running. La verdad es que era una amplia pista que daba pie a poder recorrerla corriendo.

Una vez dentro del parque del Palacio Imperial.

Vista al barrio financiero de Chiyoda.
Y al poco encontraríamos la imagen típica que encontramos cuando buscamos en Google el Palacio Imperial de Tokyo, el lateral del palacio detrás del puente de piedra. Sin duda merece la pena la visita, es de un bucólico difícil de describir.

Puente de piedra Seimon, detrás, el Fujimi Yagura.

Misma vista con zoom.
El Palacio Imperial ocupa lo que era el Castillo de Edo. Se construyó en 1457 por Ota Dokan, un daimio que se convirtió en samurai y que acabó siendo asesinado por deslealtad. Después pasaría a ser regentado por el clan de shogunes Tokugawa hacia el 1600 y se iría ampliando, hasta que en 1868 se convirtiera en la residencia del emperador.

Fue reconstruido tras la segunda guerra mundial, ya que un bombardeo lo destruyó. Actualmente quedan en pie 3 de las 11 esquinas características del castillo, una de ellas, la Fujimi Yagura, la que aparece en las fotografías de arriba, recibe ese nombre porque desde ella se puede ver el Monte Fuji (en días despejados).


Una de las esquinas cubiertas por el foso.
La misma esquina, pasada.
Ota Dokan hizo construir el foso que vemos en la imagen anterior (foso que se extiende hasta el parque de las fuentes de Wadakura) tomando las aguas del río Sumida (río principal de Tokyo).

En la siguiente imagen se muestra en vista de satélite las 4 zonas que se distinguen del parque del Palacio Imperial.

4 zonas del parque del Palacio Imperial.
La primera zona, en naranja, es la zona más urbana, la que tiene el trazado o pista para correr y por donde se suele acceder al Palacio Imperial, por las puertas principales de acceso.

La segunda zona, de azul, son los jardines del oeste, zona en la que se encuentra el edificio principal del Palacio Imperial y algunos santuarios. En la imagen puede verse el Palacio Imperial como el edificio azul encima del puntero.

La tercera zona, de lila, es la zona de los jardines del este y es dónde se encuentra la guardia imperial.

La última zona, la cuarta, de rojo, es en la que están las instalaciones deportivas y museos.

Las cuatro zonas se ven rodeadas por el foso de agua y en la esquina superior derecha de la primera zona se encuentra el parque Wadakura, con sus fuentes. En verano es una zona muy refrescante y bonita de ver.

Pero prosigamos nuestro paseo por la zona 1 del Palacio Imperial.


Vista del puente de hierro, justo detrás del puente de piedra Seimon.

Zoom de la imagen anterior.

Detalle del jardín del oeste.
Después de ver el recinto del Palacio Imperial, íbamos a cruzar la zona financiera de Tokyo por el barrio de Chiyoda hasta llegar después a Akihabara, probablemente el barrio más "freaky" de todo Tokyo.

Antes pasaríamos por las fuentes del parque de Wadakura:

Fuentes del parque Wadakura.
En este parque puedes encontrar una cafetería en la que pararte si quieres tomar un té a media mañana, o simplemente te apetece detenerte a sentir el frescor de las aguas de las fuentes. Eso fue lo que hicimos nosotros.

Artistic picture from behind of the fountain. Taken by Cris.
Puente que cruza el foso hacia el distrito financiero.
Una vez más frescos fuimos hacia el distrito financiero. Para aquellos que no gocen de los edificios altos y modernos, que puedes ver en cualquier gran ciudad (la verdad), hay poco que ver aquí.


Edificios en el centro financiero.
Aunque yo soy de esos que disfrutan viendo todos los contrastes de las ciudades, ya sean sus edificios y zonas más emblemáticas e históricas, o los edificios más... corrientes en zonas poco atractivas para el turista. Incluso entre ellos puede esconderse alguna plaza o algún lugar en el que poder detenerse y contemplar otro tipo de ritmo, estilo y panorama.


Zona del distrito financiero sin aparente atractivo.
He decidido incluir la imagen anterior porque cerca de ese lugar entramos a un restaurante italiano con muy buen aspecto a refrescarnos. Nos tomamos una cervecita y un ginger-ale muy muy muy confortantes. El restaurante se llama La Maremma. No puedo opinar sobre la comida, pero la bebida y el servicio fueron excelentes, además nos sentamos frente una ventana. El lugar se ve muy italiano.

Interior del piso de arriba de La Maremma, restaurante italiano.
Seguimos nuestro camino hacia Akihabara y perdiendo ya de vista el distrito financiero, las calles empezaban a tener el siguiente aspecto:

Calle comercial por el barrio de Kanda.
Las calles presentaban otro aspecto. Eran calles más peatonales, llenas de comercios y restaurantes, en las que los edificios menguaban considerablemente.

Calle de restaurantes en Kanda.
Y como ya sí iba siendo la hora de comer, buscamos un restaurante en la misma calle de la fotografía anterior. Vimos uno que hacía esquina que nos gustó.

Restaurante en Kanda.

El restaurante, por si lo buscáis, está en Kanda, muy cerca de la estación. Se llama 

炒王 神田西口店, no sé muy bien cómo se traduciría... pero tampoco tiene mucha importancia... como indica en la entrada, es un restaurante de arroz frito, cerdo frito, etc.


Interior del restaurante.
La característica de este restaurante es que en la entrada te encuentras una máquina parecida a una máquina expendedora. Seleccionas desde allí el menú y los platos que quieres comer, la bebida, lo pagas y te sale un tiqué que usas dentro para dárselo al/a camarero/a para que te prepare y dé la comida. Te sientas, esperas la comida y la disfrutas.

Tiras de cerdo fritas con puerro, gyozas, verduritas y sopa de miso.
Por menos de 1000 yenes (unos 7 euros) acabamos llenísimos.

El último día iba pasando y poco más podíamos ver. Eso sí, aun había tiempo para que el colorido barrio de Akihabara nos sorprendiera con sus luces, sonidos y ambiente.

Al llegar, una de las primeras cosas que hicimos es adentrarnos por los pasillos interiores que cruzan los edificios por dentro de calle a calle mirando tiendas de figuras de Dragon Ball, tiendas de cables de todo tipo, consolas, etc. Tecnología de todo tipo, desde la analogía anterior a los ochenta hasta los aparatos más extraños de la actualidad.


Pasillo interno en Akihabara.
El entramado de calles interiores que pasan entre edificios a modo de callejones estrechos es otro de los atractivos del barrio de Akihabara. Me recordó al desaparecido Kowloon en Hong Kong, solo que más acogedor, luminoso, seguro...

Los pasillos llegan a bifurcarse, haciendo un pequeño plano urbano entre los propios interiores de manzana.

Salimos por el otro lado del pasillo, a otra calle, más llena de edificios de tiendas de electrónica, comics, revistas, mangas, figuras, salones recreativos y pachinkos a rebosar. Para ello cruzamos el puente de las vías del tren...

Puente de las vías del tren de Akihabara.
... que separa la zona friki de la zona aun más friki. Por la calle, pasaban camiones con pantallas mostrando bandas de chicas juveniles o anime de bandas con la música bastante fuerte. Y es que Tokyo es una explosión de contrastes en un país en el que suele imperar el silencio y la calma.

Tiendas bajo el puente del tren.
En la fotografía anterior se ve otra muestra de cómo los japoneses aprovechan cualquier espacio aparentemente muerto para sacarle alguna utilidad. Tokyo es una ciudad que trata de aprovechar al máximo cualquier espacio. A veces resulta asombroso cómo en esquinas imposibles te plantan un pequeño bloque o aprovechan espacios mínimos para generar una vivienda.

Pero ese es otro tema... ahora nos adentrábamos al apasionante mundo de las luces y los letreros ininteligibles para el occidental medio.

Edificio de... cosas... Akihabara.
Tiendas, letreros y pantallas en Akihabara.
Por la calle podías encontrarte cualquier cosa... como estas tres motos que parecían salidas de la película Tron:


Súper motos en Akihabara.
O chicas publicitando los "maids café" de la ciudad en la calle, protegiéndose del sol con un paraguas mientras reparten publicidad:

Publicidad de un "maid café".
Pero, sobretodo, gente:

Calle comercial de Akihabara.
Edificios con cosas, muchas cosas:

Edificios con muchas cosas en Akihabara.
Y máquinas con gancho para atrapar objetos:

Máquinas de figurillas.
¡Ah! Sin olvidarnos los Pachinkos de dos plantas...

Planta inferior de Pachinko en Akihabara.
Y los edificios con salones recreativos:

A la izquierda, el edificio al que entramos a viciar...
Y claro, acabamos echando algunas partidas...

Vicio al drum.
Los dos...

Mucho vicio al drum.
Efectivamente, ese edificio entero era un gran salón recreativo, en cuyas plantas se encontraban diversas máquinas de diferentes temáticas. En la segunda o tercera planta se hallaban máquinas de los 80's/90's muy interesante. Lo que ocurre es que era algo raro, un poco laberíntico, pues para subir o bajar a veces ibas en ascensor, otras por escaleras mecánicas y otras por escaleras como de socorro, exteriores.

Al salir del eficicio, fuimos por una calle que formaba una "L", dentro de la cual nos topamos con el sex shop más grande del mundo, M's Pop life, el edificio con letreros verdes al fondo a la derecha de la imagen siguiente:

Añadir leyenda
Son seis plantas y un sótano más llenos de turistas que de compradores (o eso quisimos creer). Y sí, allí se encontraban las famosas máquinas expendedoras de ropa femenina usada, expuestas a un lado en la entrada, haciendo pensar que sean más reclamo turístico que otra cosa, pero teniendo en cuenta el extraño gusto de los japoneses, quién sabe...

En la misma calle, unas chicas trataban de llamar la atención de la clientela, haciendo bailes coreografiados y vistiendo de uniforme mientras cantaban. Trabajaban para una tienda de dulces:

Chicas atrayendo a clientela en tienda de golosinas.
Y bueno, ya teníamos una ligera idea de lo que era Akihabara, era hora de ir a Roppongi Hills, a ver otro tipo de luces y comercios, no sin antes sacar una última instantánea de Akihabara, con cartel publicitario de Takeshi Kitano incluido:

Sayonara Akihabara.
Sobre quién es Takeshi Kitano (en la imagen de arriba, el japo que va de negro en el cartel publicitario a la izquierda) se podría hacer otro post aparte, ya que es un muy reconocido actor, director, guionista, dibujante, pintor, poeta y diseñador de videojuegos en japón, pero que fuera de allí quizá solo se le conozca un poco por Takeshi's Castle (Humor Amarillo para la televisión Española) y la película Zatoichi (que tampoco debemos conocer muchos...).

El caso es que nos fuimos a ver más luces y distintos comercios en Roppongi Hills. Para llegar, fuimos en metro desde Akihabara hasta Roppongi, unas 11 paradas por la línea Hibiya, de color gris.

Torre Mori en Roppongi Hills.
Roppongi Hills es un proyecto de desarrollo urbano que cuenta con hoteles, restaurantes, tiendas, cafés, apartamentos residenciales, salas de cine, un estudio de televisión, varios parques... llevado a cabo por Minoru Mori, magnate de la construcción (el Florentino Pérez japonés).

La Torre Mori es el sexto edificio más alto de Tokyo (octava construcción más alta), con 238 metros de altura. La planta más alta cuenta con un museo (cuando fuimos tenían una exposición sobre anime) y un mirador. Para acceder a ambos hay que pagar, unos 18 euros. Decidimos no acceder, era suficiente con haber ido al Tokyo Skytree y al edificio del ayuntamiento de Tokyo.

Exposición de Doraemons en la plaza interior de la Torre Mori.
Dentro del propio complejo Mori puedes encontrarte exposiciones, cafeterías y restaurantes, incluso por navidad iluminan un enorme árbol con luces. También hay tiendas de todo tipo y salas de cines. Desde allí se podía ver la siguiente vista nocturna de los aledaños tokiotas, con la famosa torre de tokyo a la derecha, iluminada:

Skyline del centro de Tokyo,
En un principio pensamos en ir a ver el puente arcoíris  que se encuentra por el puerto de Tokyo, pero las conexiones con los autobuses (que tratamos de hacer aconsejados por varias personas del lugar... que entendíamos a duras penas) eran tan complicadas y se estaba haciendo tan tarde que al final decidimos abandonar la idea y cenar por allí cerca.

De hecho, yendo a la derecha de la salida de la Torre Mori, a apenas 2 o 3 calles, hay una gran calle comercial y de ocio nocturno muy grande, que si vas bajando te topas con algún local interesante para cenar. Así descubrimos Sushi Zanmai, una cadena de restaurantes especializados en sushi, no demasiado caro (para ser sushi en Japón estaba bien de precio) y delicioso sabor.

Cartel de Sushi Zanmai, inconfundible.
Como habréis imaginado, el señor que aparece en el centro del cartel es el dueño, Kiyoshi Kimura, y para más información, es la persona que compró el atún subastado más caro de la historia, un bicharraco de 278 kilogramos comprado al precio de 2'7 millones de euros. El dueño de la cadena de sushi japonesa ya ostentaba el récord del atún más caro desde 2013, récord que él mismo superó este año 2019.

Bebidas y entrantes de cortesía en Sushi Zanmai, Tokyo.
Al entrar, los cocineros y camareros te reciben con un grito de alegría y ánimo levantando los brazos, muy gracioso (pero que no entendimos), un detalle curioso y gracioso del local que anima tanto al personal como a los clientes a permanecer en él.
Pedimos de beber, si no voy equivocado, una cerveza y un ginger ale, que nos acompañaron con una especie de ensaladita con fideos soba, ricos ricos, cortesía de la casa.

Primer plato, rico, rico, riquísimo.
Pedimos un plato extra de sushi, para probarlo. Muy bueno, con huevas de salmón y otros ingredientes y una salsa que le daba un toque suave. Muy fácil de paladear y tragar. Y para acabar...:

Rica bandeja de sushi de 16 piezas y gengibre.
¡Qué rico está el sushi en japón! Obvio, se necesita mucha práctica para llegar a ser cocinero de sushi, bueno, para ser cocinero en general en Japón. Posiblemente por ese motivo Tokyo es la ciudad con más restaurantes con estrellas Michelín del mundo.

Al salir volvimos a la calle principal. Ya se veía bastante vida nocturna, y es que esa zona aglutina multitud de clubs y locales nocturnos. Alejándonos un poco de la zona, la cosa ya cambiaba. Poca gente por la calle, poca fluencia de tráfico...

Antes de volver al hotel, dimos una vuelta hasta la estación de Ebisu, una caminata de 45 minutos hacia el oeste, viendo zonas de museos entre casas japonesas que parecían de gente bastante acomodada.

Al día siguiente, poco más... decíamos adiós a Tokyo...

Sayonara Tokyo

Aeropuerto Internacional de Narita.

Y volvíamos a subir al avión unas horas después, con escala a Hong Kong y regreso a Madrid, con Cathay Pacific (muy contentos con la compañía).

Espero que os haya gustado el relato del viaje y, sobretodo, hayáis descubierto nuevas cosas sobre el país del sol naciente y, a aquellos que vayáis, os haya sido de utilidad. ¡No dejéis de leerme, próximamente Colombia y más adelante, Islandia!

¡Gracias a todos!

¡¡Kanpaiiiiiiiiiiii!!