domingo, 28 de enero de 2024

Japón, 2º viaje 2º día: Sapporo, Jozankei, Otaru y Yoichi, carrera de sensaciones.

Quise aprovechar el segundo día de viaje para visitar un montón de lugares y realizar algunas actividades por Hokkaido, antes de abandonar la isla del norte, así que me desperté tan temprano como pude (alrededor de las 6:40). Me levanté y fui a desayunar con el vale desayuno que el hotel ofrecía para poder ir o bien a un lugar donde preparaban unos fideos udon buenísimos o bien a un mcdonalds. Fui al local de los fideos.
El local de madera constaba de apenas 4 o 5 taburetes en los que poder sentarte a tomar un calentísimo caldo de fideos udon. Ardía. Fuera hacía entre -5 y -7 grados. Daba gusto llevarse algo caliente a la boca, pero aquello era extremadamente caliente. Pero riquísimo.
Después del delicioso caldo con fideos, fui a la estación de autobuses (cerca de la estación de trenes), donde después de dar vueltas daría con el andén por el que salía el autobús a Jozankei, el pueblo de los onsen. Por el camino saqué alguna foto más de Sapporo.
Enfrente de donde desayuné, cartel de publicidad de la destilería de whisky Nikka, lugar al que iría después de los Onsen, en Yoichi.
Edificio con restaurante de cangrejo. El cangrejo es muy típico de Sapporo.
Detalle del rótulo del restaurante de cangrejo (que mueve las patas y los ojos).
Pasillos y galerías subterráneas que cruzan gran parte de la ciudad. Estas galerías forman como una ciudad subterránea de restaurantes, tiendas y cafeterías y otras tiendas. Decidí acortar cruzando por debajo.
Y salí cerca de la torre de Sapporo, a casi las 8 de la mañana. Se me hacía tarde. Debo añadir que la estación de autobuses es un poco liosa. Las taquillas suelen estar en el piso de arriba (subiendo por unas escaleras desde los mismos andenes). No obstante, el billete para ir a Jozankei se compra en una taquilla desde el mismo anden. Una vez comprado el billete de ida y vuelta y con el paisaje de Sapporo completamente nevado, me dirigí hacia los onsen de la ciudad termal de Joaznkei.
En un trayecto aproximado de 1 hora llegamos a Jozankei, al sur, suroeste de Sapporo, como en un valle entre montañas por el que pasa un río de agua cálida por las aguas termales que transcurren subterráneas.
Al llegar, la temperatura era de -7º. Hacía un frío intenso con cierta humedad. Fue el día que más frío pasé. Las manos se me congelaban. Claro, trataba de calentármelas en las múltiples fuentes de agua caliente que hay por todo el pueblo, pero al no podérmelas secar bien del todo, la humedad hacía que el frío se intensificara, por lo que me fueron muy bien los guantes que llevé.
Aquí un pequeño santuario con una de las múltiples fuentes de agua caliente que había repartidas por todo el lugar.
Detalle de la fuente (puedes meter los pies en ella).
En la fotografía anterior, unos Kappa. Los Kappa son unos Yokai o espectros del folklore japonés. Estos se supone que son más poderosos que los seres humanos y por ello suelen ser arrogantes. Para evitar conflictos con los humanos, los Yokai viven en zonas despobladas o poco accesibles. Los Kappa tienen forma de reptil o tortuga con ciertas características humanas y suelen preferir zonas cercanas a aguas termales. Abajo, cascadita urbana de agua caliente (prácticamente metí las manos en todas las fuentes que encontraba).
Como se puede apreciar en las siguientes imágenes, estaba todo absolutamente cubierto por el manto blanco de la nieve.
Caminando por las calles traseras (si se les podía llamar así, pues todo era nieve y había que ir con cuidado pues podías meter el pie en un hoyo y acabar cubierto completamente por la nieve, ya que apenas se veía por dónde se pisaba) encontré un balneario en ruinas. Me llamó la atención (esos rincones con cierto encanto decadente suelen evocarme historias y me dan cierta paz).
Allí me di la vuelta y volví a la carretera principal hasta un desvío que llevaba a un puente. Hay que decir que todo el pueblo está lleno de onsens de todo tipo, cubiertos, semi cubiertos y al aire libre. Continuaba haciendo mucho frío y las manos se me entumecían. Un puente cruzaba el río cálidoy al otro lado, siguiendo el camino, estaba el hotel que contenía el onsen al que iría a resarcirme del frío.
Detalle del humo saliendo por entre tuberías en el río.
Más koppas.
Los hoteles balnearios se agolpan a los lados del río Toyohira.
Me acerqué a una plaza llena de fuentes, arrollitos y pequeñas cascadas artificiales de aguas calientes antes de ir al hotel seleccionado para darme el baño.
Al fondo a la izquierda, vista del Jozankei Hotel o Jōzankeionsennishi. El hotel con aire nostálgico de la era Showa (1926-1989) en la que gobernó el emperador Hiro Hito.
El hotel por dentro, realmente, evocaba a una época pasada no remota. Quizá principios de los 70. Amplio hall con taquillas en las que dejar los zapatos. Acabados de madera oscura y lámparas de cristal. Alfombras e iluminación tenue e, incluso, animales disecados. Pagué 850 yenes (en aquel año, unos 6 euros) por el onsen y valió todos y cada uno de los céntimos que pagué.
Solo pude sacar fotos de la entrada y taquillas del onsen, ya que no estaba permitido entrar con cámaras al interior de los baños, pero puede verse la cálida atmósfera del pasado entre maderas, espejos y cristales.
El interior era sublime. Lámparas redondas en la pared, enormes murales en la sala principal en la que había 4 piscinas. Una de agua templada (unos 35 grados) con rocas, alargada; otra redonda, grande, caliente, a unos 40 grados. Y arriba, en la misma sala subiendo unas escaleras, dos piscinas redondas más pequeñas; una de ellas a 42 grados y la otra a unos 45 grados, ardía. Me quedé un buen rato en las piscinas, observando el mural de pequeños azulejos que formaban un mosaico de temática olímpica, con los 5 anillos, y de estilo de finales de los 60, principios de los 70, quizá con motivo de los juegos olímpicos de invierno de Sapporo del 1972. Fascinado por las tonalidades verdosas del lugar, deseé que se detuviera el tiempo, pero por falta del mismo decidí continuar el circuito. Llegué a una sauna en la que estuve poco tiempo, lo reconozco, después de sudar mares. A la izquierda seguía un pasillo por una puerta metálica con cristales esmerilados. Ella me condujo a una sala con una piscina de agua caliente semi cubierta. Por la parte de arriba, enfrente, se abría al exterior unos amplios ventanales por los que veía nevar mientras estaba a unos 40 agradables grados de temperatura. Fue todo un regalo, me encantó la experiencia y fue una muy buena elección. A pesar de tener que ir a la carrera para no perder el autobús de vuelta a Sapporo hacia las 12:30, el rato de desconexión y viaje en el tiempo que pude disfrutar fue indescriptible.
En la imagen de arriba, el Jozankei Hotel. Por lo que he leído, cerrado desde la pandemia de covid-19. Fui de los últimos huéspedes en visitar el hotel, pues prácticamente tres meses después cerraría. (Finalmente he encontrado unas imágenes por internet del interior de los baños del hotel [cerrado desde el 6 de marzo del 2021]).
De camino a Sapporo volví a recoger alguna instantánea del paisaje nevado. La verdad es que me encantó viajar en esa época del año. Adoro que Japón sea un país de estaciones meteorológicas muy marcadas.
Estación de tren de Yoichi (no recuerdo bien, pero seguramente comería alguna cosa rápida de algún konvini (tienda de conveniencia o pequeño supermercado como 7eleven, FamilyMart, Lawson o similares).
Llegar al museo de la destilería Nikka es muy sencillo. Una vez sales de la estación en Yoichi, cruzas la plaza y sigues recto, cruzas una carretera y prácticamente estás en la destilería.
La entrada rondaba los 3/4 euros (entre 350 y 500 yenes, no recuerdo bien el precio pero no era caro). El recinto es enorme y está lleno de almacenes antiguos llenos de barricas de whisky y alambiques.
El camino estaba muy bien marcado, a pesar de las intensas capas de nieve que lo cubrían. Ciertamente, el enorme recinto se encuentra lleno de espacios que visitar.
Puedes visitar la que fue la casa de Masataka Taketsuru, fundador de la destilería Nikka y reconocido como el padre del Whisky japonés. Venía de una familia de productores de sake en Hiroshima, pero pronto se interesó por el licor escocés y viajó como estudiante a Escocia. Allí se enamoró y casó con una mujer escocesa y al volver a Japón fundó la destilería Nikka en 1934 en Yoichi, Hokkaido. ¿Por qué en Hokkaido? Pues dijo que el clima le resultaba parecido al de Escocia.
Más barriles y alambiques.
Antes de llegar al lugar en el que haces una degustación de tres tipos de whisky (que viene incluido en el precio de la entrada) encuentras un elegante bar a media luz. No sé bien por qué no tengo fotos de ello, pero el lugar me pareció agradable. Tenían distintos tipos de whisky y probé uno que costó 10€. Y es que el Taketsuru de Nikka en Yoichi fue el whisky ganador del primer premio internacional en 2014.
Recuerdo que el camarero, bien uniformado y con guantes blancos, fue muy educado, correcto y cerimonioso. Le estuve hablando de que venía de España, que apenas hablaba japonés, que mi padre fue torero... y se limitaba a decir "hai" e inclinar la cabeza suavemente en señal de reverencia. Enterarse no sé si se enteró mucho... pero el whisky estaba impresionante. Me lo puso con soda y hielo. Al fondo de la siguiente imagen, el restaurante café en el que puedes hacer la degustación de tres tipos de whisky (que ya no el bar, ya que tienes que salir y seguir el camino).
Eran las 17:30 aprox. Ya anocheció (de hecho, fue anocheciendo ya antes de la última cata). En invierno a las 16:00 empieza a anochecer en Hokkaido. Los tres tipos de whisky de la cata también estaban estupendos. Uno, especialmente, me resultó peligrosamente dulce, con tonos de manzana ácida. Me encantó la visita (y la recomiendo a quienes les guste el whisky y la historia).
Volví a la estación para tomar un tren de vuelta y parar en Otaru, la ciudad de los canales de estilo belga, no sin antes detenerme a hacer unas fotos a la plaza de Yoichi frente a la estación.
Otaru, en principio parece una pequeña villa, pues no te da la sensación de que esté muy poblada ni ves grandes edificios, no obstante cuenta con más de 137.000 habitantes. Sus canales recuerdan a los de Bélgica.
Allí tuve la posibilidad de adaptarme a la extraña tradición de los japoneses de comer pollo frito de la cadena Kentucky Fried Chicken por navidad (en efecto, después de la segunda guerra mundial los locales de comida rápida yankee fueron poblando el país nipón, ya que la tendencia y el país de referencia de entonces fue los Estados Unidos de América. Un anuncio comercial de mediados de los 70 en Japón sugirió que era tradicional celebrar la navidad comiendo pollo frito [cabe remarcar que en Japón existe el karaage, un pollo frito empanado que se asocia a comida de fiesta]. A principios de los 80 y habiendo recuperado Japón y los japoneses un alto nivel adquisitivo, el consumismo se disparó, por lo que se generalizó comer pollo frito del KFC por navidades, entre el 23 y el 25 de diciembre). Bien, estaba a 23 de diciembre... pero opté por ignorar esa extraña y dudosa tradición procedente del merchandising y busqué un local más autóctono.
Me topé por casualidad con esta taberna que hacían delicioso pescado a la plancha y no dudé en entrar. De hecho, me llamó la atención lo muy tradicional japonés que parecía el lugar, y lo que buscaba de aquel viaje era, precisamente, lo autóctono. (KFC lo hay en medio mundo, aquella taberna únicamente estaba en Otaru).
Me pedí un pescado a la plancha, absolutamente delicioso (agradezco el haber elegido lo autóctono). Y entonces empecé a hablar con un hombre que se sentaba a mi lado, a la izquierda. No recuerdo su nombre, solo recuerdo que hablábamos como podíamos, en inglés macarrónico y gestos y japonés mal entendido, una gozada. Después de estar hablando un buen rato, me invitó a probar otro pescado.
De hecho me pagó la cena entera. Brindamos con sake y le agradecí mucho su gesto. Aunque en un principio yo no acepté la invitación, él dijo "es navidad, acéptalo como regalo de navidad". No pude negarme a la invitación, pensé que quedaría descortés. En la siguiente foto, a la izquierda, el hombre que me invitó. Muy amable, muy simpático. Me sentí muy acogido en este segundo viaje.
Después tuve que irme, no sin antes fotografiar el lugar por dentro. El hombre me preguntó si tenía modo de llegar a Sapporo (creo que se estaba ofreciendo a llevarme), pero le dije que iba en tren, que no había problema.
Como se ve en la imagen, las 21:46 cuando estaba por la torre de Sapporo. Esa noche me acosté temprano (al día siguiente me tocaba madrugar para irme a Sendai. La idea era levantarme a las 6 de la mañana. -6º. Me acosté con una agradable sensación de haber vivido muchas experiencias en un solo día. Muy satisfecho. Con ganas de seguir disfrutando del viaje.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Japón, 2º viaje: 1 día. Sapporo (Hokkaido).

Llegaba a Japón (aeropuerto de Narita) a las 12:30 del mediodía del 22/12/2019. De allí, con la compañía Jetstar, hacía transbordo a vuelo doméstico hacia New Chitose en Hokkaido. El cambio tuve que hacerlo muy rápido. Disponía apenas de 60 minutos y debía recoger el equipaje, pasar el control, dirigirme al mostrador de JetStar e ir a embarcar. Llegaba muy muy muy justo de tiempo y en el mostrador, una persona prácticamente saltó para recoger mi equipaje de bodega y ponerlo en la cinta. La mujer que me entregaba los billetes, haciendo alarde del "omotenashi" japonés (es una palabra que, tanto significa "bienvenida" como el carácter acogedor y ceremonioso con el que tratan a los recién llegados, desconocidos, clientes, etc.), se disculpó hasta tres veces porque se procedió a realizar el embarque con 2 minutos de retraso. Tres disculpas por dos minutos a alguien que de por sí ya llegaba tarde. ¿Os imagináis esto en España? LLegué, embarqué y el vuelo de Tokyo a Sapporo fue súper agradable. Agradecí (y recomiendo a aquellos quienes quieran volar internamente por Japón de forma LowCost) volar con esta compañía. En el precio entraba la merienda (delicioso). Otra compañía LowCost de vuelo doméstico es Peach, quizá más barato, pero preferí las prestaciones de JetStar.
En las fotos, montañas del norte de Honshu, la isla principal, unas montañas que parecen deribadas de un volcán y llegada a Chitose. Al llegar al aeropuerto, me había hecho con el Japan Railpass (te llega a casa el resguardo y lo cambias en las estaciones de tren principales o aeropuertos), y tenía una tarjeta SIM que cambié por la mía mientras estuviera en Japón. Tras el canjeo, viajé en tren hasta la capital de Hokkaido, Sapporo. Allí, salía por la estación principal:
Como se puede ver, a las 17h. ya anochecía. Hacia las 16:30 se ponía el sol, así que había que aprovechar el día desde muy temprano para aprovechar las horas de sol. Sin embargo, como se verá por las fotos, se acababan visitando cosas de noche. Llegados a este punto, ¿por qué tan poca gente elige visitar Hokkaido con lo hermoso que es? Bien... Normalmente, la imagen que tenemos desde el exterior de Japón de ese país es la de un país futurista (Tokyo, Osaka), con capitales tradicionales con geishas y santuarios (Kyoto), uno de los dos bombazos atómicos (Hiroshima) y el que ha leído alguna guía turística antes de emprender el primer viaje conocerá excursiones a lugares con mogollón de templos y santuarios (Miyajima, Nikko, Nara), explotaciones turísticas abrumadoras (Kamakura) y onsens con vistas al monte Fuji (Hakone). A lo sumo, alguien se introduce en el mundo samurai y se va a Takayama y/o Shirakawa-go y visita el castillo de Himeji. ¿Qué tienen en común todos estos lugares? Que están en la isla principal, Honshu, la más turística, pintoresca y reconocida mundialmente. Por lo que, evidentemente, si tienes 15 días, visitas Honshu, y punto. Hokkaido, ¿mejor época para visitarla? Invierno. Hay festivales de invierno y la nieve es un completo espectáculo. Al que le gusta el esquí lo flipa. El que no ha visto la nieve lo flipa. El que sí la ha visto pero no en tal cantidad, lo flipa. Luces, nieve, onsens, volcanes... Otra época es primavera, y se visita las granjas de flores, como las de Furano (que es algo más que el equipo de fútbol de "Philip Callaghan" [Matsuyama Hikaru] de la mítica serie Oliver y Benji [Captain Tsubasa]), Yo no pude verlas porque en invierno no hay flores, pero os dejo una imagen para que os hagáis una idea:
Bien, sigamos con el viaje. Al poco de salir de la estación, por una gran avenida, asoma la torre de Sapporo:
La torre, construida en 1957 por Tachu Naito (el mismo que diseñó la Torre de Tokyo [son muy parecidas] inspirada en la Torre Eiffel, y la Torre Tsutenkaku [la veremos más adelante, en Osaka]), es sede de la televisión de Hokkaido, mide 147 metros y cuenta con un mirador a los 90 metros, al cual no fui porque decidí ir al de la JR Tower (en la estación), ya que el mirador situado a los 170 metros de altura ofrece una panorámica mucho más amplia de la ciudad y de su entorno.
Pero esta la visité después de ir al Museo de la Cerveza (Sapporo). Muy interesante y en donde puedes hacer una degustación o comer en el Genghis Khan Hall (un restaurante de carnaza que venden un plato dedicado al emperador mongol que es difícil acabárselo de lo grande que es, llamado Jingisukan [sí, el mismo nombre en japo']).
Nieve en el exterior.
Nieve en lo que es el biergarten.
Nieve en el Sapporo Beer Museum.
Cerveza histórica... Hay que decir que ese día estábamos a -6ºC. Después volví al JR Tower, para ir al mirador del piso 38. Preciosas vistas nocturnas de Sapporo, acompañado, como no, por una cerveza Sapporo (ojo, lo curioso es que beber en bares es más caro que en restaurantes, en restaurantes más caro que en máquinas expendedoras, y en máquinas expendedoras más caro que en supermercados.
El edificio, en el que se encuentra un centro comercial, tiendas de ropa, restaurantes, etc.
Vistas de Sapporo.
Más vistas de Sapporo.
Miniatura Lego de la JR Tower.
Cena en el centro comercial, ya en las plantas inferiores.
Nieve y luces en Sapporo.
Y finalmente volví al hotel que, por cierto, era un hotel cápsula muy barato. Pasaría allí dos noches por unos 19 euros (sí, 9'5€ la noche). Si buscas bien puedes encontrar muy buenos precios. El hotel no estaba mal, tenía todas las amenities necesarias y el espacio era suficiente para dormir cómodamente (claustrofóbicos, evitad este tipo de hoteles).
El primer hotel cápsula (y el mismo concepto de hoteles cápsula) surgió de Kishio Kurokawa, uno de los arquitectos fundadores del Movimiento Metabolista. Ese primer hotel cápsula fue lanzado en Osaka el 1979.
Este tipo de hoteles suelen encontrarse cerca de lugares de ocio o de centros de trabajos, oficinas... porque muchos trasnochadores, gente que sale tarde del trabajo o gente que ha bebido mucho por la noche y no se ve capaz de llegar a casa (o se avergüenza de llegar en condiciones lamentables) acaban alquilando una habitación cápsula por cercanía y precio. Generalmente tiene unos buenos baños (no solo duchas, sino baños onsen de aguas calientes). Por estas razones es fácil encontrarse con muchos huéspedes japoneses.
Como se ve, la cápsula cuenta con televisor, radio-despertador, auriculares, perchas, el colchón ligero, una almohada, sábanas, luz interior, ventilación y la cortinilla para cerrar y que no entre luz externa.
El número de cápsulas por pasillo o piso varía según el hotel. Este contaba con unas 36/38 cápsulas por piso. El acceso a los baños estaba en otro pasillo. Los pasillos de cápsulas están aislados por una puerta corredera.
Las taquillas para guardar las maletas suelen ser pequeñitas, o delgadas o pequeñas. En casos hay que dejar la maleta en algún pasillo porque no hay más espacio, pero no hay problema, nadie va a abrirte la maleta, ni robarte nada. En Japón suelen tener mucho respeto por lo ajeno.
Y hasta aquí el primer día de mi segundo viaje a Japón. Próximamente, el segundo día, con la visita a los onsen de Jozenkai, la destilería Nikka en Yoichi y los canales de Otaru.

jueves, 31 de agosto de 2023

Tigre y león.

Había una vez, un León que vivía muy cómodamente en la selva. Comía lo que le apetecía, cuando le apetecía. Corría por todo el territorio, porque decía que toda la selva le pertenecía, menos un pequeño espacio, que era para los tigres. En esa selva, también vivía un Tigre. Vivía tranquilo, cómodo, seguro y con lo que iba consiguiendo, siempre esforzándose por conseguir cada día un poco más de lo que tenía, pero sin dejar de sentir el aire correr por su pelaje, sin dejar de sentir el sol calentando su cuerpo, sin dejar de sentie las gotas de lluvia refrescando su piel en las tórridas tardes de verano... El León no recordaba nada de eso, estaba muy preocupado por todo lo que poseía y se había vuelto muy ambicioso. Tanto, que veía a los pájaros y pensaba:- ¡Esos pájaros! ¿Quiénes se creen que son? ¡Yo soy el rey de la selva, por lo tanto, el cielo también debería ser mío! Ellos no son dignos de volar libremente. ¡Yo, que pertenezco a la realeza, debería poder hacerlo! ¡Les prohibiré volar!- El León prohibió volar a los pájaros, que fueron al final a vivir con los tigres. El León, veía que nadie volaba, y pensaba que era feliz, pero entonces vio que los tigres y los pájaros reían. Jugaban, lo pasaban bien. El León no entendía por qué podían hacer eso, si los tigres tenían poco espacio y los pájaros no podían volar. Un día, molesto, cansado, triste, el León se acercó a los pájaros y a los tigres y les preguntó:- ¿Por qué reís, jugáis y parecéis felices, si tenéis tan poco espacio, si no podéis volar?- Uno de los tigres le dijo:- Trabajamos juntos, para hacer de este espacio un espacio más hermoso. Porque, aunque sea un buen espacio, pensamos que puede ser mejor si juntos buscamos la forma de que sea un espacio bueno para todos.- El León, extrañado, le preguntó a los pájaros:- Oid, pájaros. Os he prohibido volar. Ahora que no tenéis el cielo, ¿por qué parecéis felices?- Los pájaros le contestaron:- El cielo solo es un espacio, como este. Da igual lo grande o pequeño que sea. Da igual la cantidad de cosas, juguetes, riquezas que poseas, a la larga, todos sentimos lo mismo. El viento sopla igual para todos. El sol calienta igual para todos. La lluvia moja igual para todos. La diferencia está en que mientras unos dejan de sentir la lluvia cubriendo su piel en una tórrida tarde de verano, mientras dejan de sentir la suave brisa de la mañana acariciar su piel mientras pasean... cuando dejan de ver la hermosura de la luna porque no la poseen, sino porque brilla igual para todos... mientras dejan de sentir el calor del sol en un día despejado de invierno... mientras dejan de ver lo blanca que es la nieve en los picos de las altas montañas y mientras dejan de pensar en escalarlas porque saben que son suyas... El resto de nosotros vivimos sintiendo cada caricia de aire como única, porque no es nuestra. Cada rayo de sol como único, porque es un regalo de la naturaleza para todos. Cada gota de lluvia como indispensable, pues vivimos del agua. Y todo ello es libre, para todos. La diferencia está en que quienes creen poseerlo todo, acaban olvidando que hay cosas que jamás podrán ser suyas, porque son de todos y, al final, esas cosas que nos hacen sentir vivos a todos las acaban sintiendo y disfrutando más aquellos quienes no atesorar cosas innecesarias, sino aquellos quienes sienten y se dejan envolver por todo aquello que la vida les ha regalado. El León no entendió nada de lo que los pájaros y los tigres le decían. Así que uno de los tigres siguió diciéndole:- Verás, León. ¿A ti qué te hace sentir más vivo, sabes que tienes kilómetros de terreno que es tuyo pero no moverte de tres metros a la redonda o pasear por él, sin importarte de si es de alguien o no, simplemente disfrutando de las hojas de los árboles, los frutos, la luz del sol filtrándose por las ramas y acariciándote el cogote. ¿O la lluvia? Que cae para todos, nos refresca y riega los campos que da frutos para que todos podamos vivir. - Bueno- prosiguió el León-, la verdad es que lo que me hace sentir vivo es todo lo que decís. Pero hace mucho tiempo que no siento eso.- - Eso es- prosiguó el Tigre,- porque has tenido tanto, que has olvidado tus regalos.- - ¿Mis regalos?- Preguntó el León. - Sí.- Respondió el Tigre.- Todos nacemos con los regalos de la naturaleza. Todos sentimos. Sentimos el aire fresco por igual en los veranos cálidos. La lluvia refrescante en tardes calurosas. La fría nieve en invierno cuando buscamos el resguardo del hogar, sea este grande o pequeño. La sensación es la misma, la de estar en casa. Cuando amaina la nevada, notar la nieve en las manos mientras jugamos con ella. La belleza de las flores en primavera... Pero, quienes se olvidan de todo ello y se centran en poseer, sin control, acaban olvidando lo que nos hace vivos. Acaban dejando de sentir, y quieren que el resto también esté igual. Tú, León, lo has hecho con los pájaros. Les has prohibido volar, porque tú no has gozado del cielo. Nos has limitado a los tigres a este espacio, porque has querido obtener más espacio. Sin embargo, tenías tanto espacio que no lo has disfrutado. Y nosotros, hemos sido felices con el espacio que hemos tenido. ¿Sabes por qué?- -No...- Dijo apenado el León. - Porque nosotros nos teníamos los unos a los otros. Y cuando enviaste a la tierra a los pájaros, nos hicimos amigos, siendo más grande el grupo de amistad que teníamos y sintiendo que no era tan grande el espacio que necesitábamos. Sintiendo que mientras nos tuviéramos, lo teníamos todo.- El León se entristeció mucho. Ya no envidiaba la felicidad de los demás. Sentía pena porque él no era feliz aunque hubiera conseguido que nadie volara por el cielo, ni que nadie se acercara a sus tierras. Finalmente entendió que daba igual quien volara por el cielo, mientras él pudiera sentir el aire moviendo su melena. Daba igual quien recorriera la selva, mientras él también pudiera cubrirse con la sombra de las palmeras, sentirse acariciado por las gotas de la lluvia o poder entablar una conversación mientras pasea por la selva. Al final, el León entendió que no debía pensar tanto en si los demás sentían o dejaban de sentir y se centró en sentirlo él, porque se dio cuenta que su felicidad no dependía de si los demás eran felices o estaban tristes. Se dio cuenta de que su felicdad era sentirse vivo y compartirlo con los demás. De esa forma, todos los animales de la selva compartieron el mismo espacio. Todos se respetaron. Todos sintieron el viento correr por su pelaje. Todos sintieron la humedad de la lluvia en las tardes estivales. Todos bebían del agua cristalina del río, comían la fruta fresca de los árboles y se arropaban con su sombra. Todos acababan sintiéndose seguros en sus casas, refugiados, cálidos, cuando caía una fuerte nevada y al día siguiente todos jugaban juntos con la nieve. Así, los leones entendieron que su felicidad no dependía de la de los demás, sino de compartirla con los demás. De compartir vivencias, espacios, juegos y juntos harían de la selva un lugar mejor en el que vivir. FIN.

Japón 2º viaje. Del 22/12/2019 al 06/01/2020.

Bien, después de un largo tiempo sin publicar nada, me he animado a publicar mi segundo viaje a Japón, algo distinto del primero, ya que, en primer lugar, lo hice en solitario. En segundo lugar, fue en época navideña y fin de año, en invierno. Y en tercer lugar, visité zonas que no conocía, como Hokkaido, Osaka, Kobe y Gotemba. Fue un viaje bastante más extenso, pero para ello contaba con 2 días más que el primero. Esta vez viajé con Alitalia (actual ITA-Airways). El viaje fue bastante agradable, con escala en Fuimicino a la ida y Hong Kong y Fiumicino a la vuelta. Se hizo corto. Aterrizaría en el Aeropuerto Internacional de Narita, Tokyo (a 30 km. del centro de la capital). De nuevo, y como inicio, expondré mi itinerario y una comparativa de tamaños para haceros una idea de la extensión de país que visité.
En el mapa, los puntos rojos grandes representan los lugares en los que hice noche, los pequeños, las excursiones de 1 día. La línea roja gruesa es el vuelo de Narita a New Chitose, la negra es desplazamientos en tren, la lila, la ruta de vuelta (que se corresponde con la negra, menos en ese tramo). Los números, el orden de visitas. El primer día, el 22, aterricé en Narita y, corriendo (tenía apenas 55 minutos) recogí la maleta y me dirigí a las salidas domésticas para tomar otro vuelo con la compañía Jetstar (recomendadísima si voláis internamente por Japón) para volar hacia el aeropuerto New Chitose, en Hokkaido, ya que iba a la capital de la segunda isla más grande de Japón, Sapporo. Durante el vuelo, cuanto más al norte ibas, podías ver la tierra y montañas nevadas, hasta la costa. Grandes capas de nieve se agolpaban en todo el terreno, creando un paisaje relajado, calmado, blanco, puro, apabullante. Al llegar al aeropuerto tomé un tren hacia Sapporo. Llegué sobre las 15:00 a la capital del norte. Una hora más tarde anochecía. El segundo día sería de puras excursiones. A Jozenkai, para visitar sus onsen (baños de agua caliente, algunos al aire libre), luego a Yoichi para visitar las destilerías y museo de whisky Nikka. Después, Otaru, la "Bruselas" japonesa. Ese día, volver a Sapporo para el día siguiente ir a Sendai. En Sendai, visita al castillo y a la estatua gigante de mármol blanco de la diosa Kannon, impresionante verla de noche (bueno, impresionante verla en cualquier momento, es casi aterradora). Día 25, visita a Nikko. Día 26, visita a Gotemba, a los pies del monte Fuji. Día 27, visita a Ise (donde se encuentra el santuario más sagrado de todo el sintoismo). Día 28, Osaka (espectacular ciudad moderna con gran despliegue de ocio). Día 29, Kobe (gran olvidada y muy grata visita). Día 30, Hiroshima. Día 31, Miyajima. Días 1 y 2, Kyoto. Días 3, 4 y 5, Tokyo (el 6 fue la vuelta :( ) ¿Y qué distancia recorrí? Pues cuelgo un mapa comparativo de Japón con España y Francia:
A pesar de su longitud y de contar con hasta 13.000 islas (la mayor parte inhabitables), Japón contaría con 2/3 partes del tamaño de España, ya que a lo ancho apenas 200 kilómetros separan el mar de Japón y el océano Pacífico. ¿Qué sensaciones y diferencias encontré con el primer viaje? Bueno, en los lugares comunes, visitados anteriormente, nostalgia. Tenía recuerdos de los lugares en los que ya había estado que me transportaban al pasado. Podría decirse que era una sensación agridulce. Por una parte, no estaba sintiendo lo mismo que al principio. Era un lugar, una zona, que ya conocía, y al volver en solitario no sentía lo mismo. Por otra, conocía la zona, sabía lo que había, cómo interactuar con el entorno, y aunque no me supusiera la fantasía inicial de sorpresa, sí me producía cierta sensación de calma, de mímesis. Podía sincretizarme con el entorno en el que me encontraba porque lo conocía. En cuanto a los lugares nuevos, nuevas sorpresas, nuevas sensaciones. Japón es un país que te bombardea con estímulos que cuesta asimilar, porque te son muy novedosos, distintos, desconocidos o sorprendentes. Incluso difíciles de descifrar, decodificar o entender. Eso hace que el tiempo se acelere, que tu sensación sea la de fluir constantemente y pasar de un lado al otro sin apenas haber asimilado lo que has visto. Pues eso es Japón. En los siguientes posts voy a detallar día a día todos los lugares que visité en este viaje. Espero que los disfrutéis.