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martes, 4 de agosto de 2015

Ficciones (14): Tarot, capítulo final.



EL MUNDO


El Mundo, carta de Noelia.

Pero si la felicidad la podía obtener de aquello más cálido y cercano... ¿para qué iba a centrarme en lo frío, distante y doloroso?
La felicidad no se trataba de eso, y debía encontrar la mía propia.
Empecé a centrarme en mí y mi entorno, a hacerlo más acogedor y un lugar en suma en el que encajara más.

Mi trabajo empezaba a cundir. Funcionaba, y es que me estaba no sólo centrando en mí, sino que podía absorber todo aquello positivo que me envolvía.
La seguridad de Víctor, el orden y dulzura de Angie, las sonrisas sinceras de Mar, la música con la que de vez en cuando nos obsequiaba Pedro, las anécdotas de Sandri, el temple de Jesús o la calidez de Felipe, severo pero cálido. Ese hombre te hacía sentir parte de algo grande y eso era muy agradable.

Había decidido romper con el dolor del pasado y centrarme en lo hermoso, y a lo tonto fui descubriendo más cosas sobre mis compañeros:
A Sandri le gustaba más la montaña que la playa, le tenía miedo a los perros y serpientes y casi a cualquier animal salvaje y le apasionaba leer, así como imaginar a los autores de las novelas e historias que leía mediante sus lecturas.
Jesús coleccionaba postales de sus amigos de todo el mundo, así como tenía varios álbumes de fotos con amistades de viajes por todo el globo. Me sorprendió que una persona tan relajada hubiera visto tanto territorio. Lugares que incluso desconocía que existieran.
Una de las cosas por las que acabó de convencerle a Angie el trabajo en Barcelona fue el mar, le gustan los contrastes, así como la nieve en invierno y el mar en verano... a decir verdad, le gusta el mar en cualquier época del año.
Pedro conoce mucha historia y puede hablarte de cualquier época como si él mismo la hubiera vivido.
A Víctor lo conozco más de lo que quisiera, la verdad.
Y Mar tiene un humor alegre cuando empiezas a conocerla. No es tan gruñona como parece.

Estoy contenta de estar aquí, con esta gente. Hacemos un muy buen equipo.

EL MAGO


El mago, carta de Jesús.

Quizá lo bueno que he tenido es que no me he obsesionado con aquello que no he podido alcanzar. No sé si es una virtud o es todo lo contrario, pero me ha ayudado a no estancarme y quedarme sufriendo por aquello que no he sido capaz de conseguir.

Por ejemplo, no aspiro a obtener un cargo alto en ningún lugar, simplemente me quedo en aquel lugar en el que me siento cómodo. Si algo está bien ¿para qué cambiarlo?
Me encuentro bien y eso es lo importante.

Además... ya he visto que no tengo nada que hacer con Mar, por lo que he desistido en mi empeño por conquistarla.
Ahora siento curiosidad por Noe. Debe ser una chica de trato agradable y fácil, todo lo contrario que Mar, que no es que me resulte desagradable, sino que tratar con ella se me hace difícil y algo duro. Parece tan segura y guía tan bien todas las conversaciones que hasta parece que te somete a silencios cuando le place.

LA SACERDOTISA


La Sacerdotisa, carta de Angie.

No voy a extenderme demasiado en este suceso, pero sí que lo voy a mencionar porque atenta directamente contra lo que considero una relación sana.
Hoy me levanté antes que Víctor, que seguía en la cama durmiendo a pierna suelta. Me sorprendió que no se levantara antes, estando en su casa, y siendo el jefe del grupo editorial. Pero eso habría quedado en un segundo plano si no hubiera sido por la discusión que tuvimos porque me pidió, además, que hiciera el desayuno, cosa que habría hecho de buen gusto si me lo hubiera pedido de otra forma.

- Ya que te levantas hazme un café y déjame un par de tostadas preparadas. Hoy me pasaré por la editorial una horita más tarde.-
- Jajaja.- al principio me lo tomé como una broma.- Anda, levanta y desayunemos juntos, que llegaremos tarde.-
- ¿No me has oido? Me voy a quedar aquí una hora más.-
- ¿Y me pides que te haga el desayuno?-
- No, sólo que prepares café y tostadas.-
- ¡Ah! Vaya, pensé que también estabas ejerciendo de jefe en la relación.-
- ¿Relación? No corras tanto, sólo nos hemos acostado un par de veces para llamarlo relación.-
- ¿Pero qué dices, imbécil?-
- Bueno, ¿y ahora me insultas? Así desde luego no vamos bien.-
- No, desde luego que no. Me voy, prepárate tú mismo el café y las tostadas, que aun podrás tomártelo calentito.-

Y me fui de allí. Aquello me pareció denigrante, degradante, putrefacto y ridículo. Si me trataba así habiéndonos visto en tan pocas ocasiones... ¿Cómo iba a ser el día a día? ¡Ni de broma quiero algo así!

Por suerte puede evadirme de aquello leyendo la historia que Sandri me pasó. Al final resultó ser de Pedro... y ese chico... escribe realmente bien.

EL ERMITAÑO


El Ermitaño, carta de Mar.

Va siendo hora de hacer valer mi experiencia y mis aptitudes, creo que es el momento de abandonar esta editorial e irme a otra en la que pueda desempeñar un papel más importante, acorde con mis aspiraciones.

Voy a echar mucho de menos a toda esta gente, aunque no pienso cortar el contacto con muchos de ellos, por ejemplo, Sandri, Angie o Jesús. Son muy buena gente, los aprecio mucho y aparte de ser compañeros de trabajo son grandes amigos con los que puedo contar para lo que sea.

Les estoy muy agradecida a todos ellos y ahora lamento haberme puesto tan nerviosa y algo celosa de Angie, no merecía mi ira en absoluto. Desde luego que merece el cargo que tiene, es muy capaz y seguro que lo hará de maravilla, pero soy incapaz de quedarme en el mismo sitio durante tanto tiempo, necesito progresar y siento que aquí, en esta editorial, no puedo progresar más.

LOS ENAMORADOS


Los Enamorados, carta de Sandri.

Desde que sé que Pedro escribió la maravilla de Resquicios Resplandecientes no me lo puedo quitar de la cabeza...
Es muy atento, educado, amable, dulce, romántico... es... como un caballero del siglo XV. Es fácil imaginárselo a caballo, recogiendo una rosa mientras se pincha con sus espinas y no le importa, porque sufrir para contentar a su amada forma parte de su empresa.

Qué pelo tiene... cómo le brilla cuando le da el sol directamente por la ventana... y qué tonta me siento observándolo como si fuera una adolescente cuyo mundo ha dejado de tener importancia pues el mundo de otro ha absorbido por completo el propio, haciendo de el suyo el mío.
Y la mente se me llena de imágenes idílicas, bucólicas... y de poemas, escritos, por él, como si se tratara del mismo Garcilaso de la Vega.

Pero me odio por no ser capaz de avanzar en este tema y quedar en un segundo plano, pues Angie es mi amiga y sé que Pedro le gusta casi tanto como a mí... después de haber roto con Víctor (pocos sabemos que ha estado con él) es posible que... que... quede tan impregnada del poder atractivo de Pedro como yo. O quizá no...

No debería ser tan dubitativa y debería lanzarme. Seguro que Angie se alegraría tanto de mi relación con Pedro como yo pudiera alegrarme si fuera ella quien acabara con él.
Y mientras... mientras... pasa el tiempo, yo hago mi trabajo... y Pedro ocupa mi mente. Y trato de no engañarme. Veo cómo le sonríe a Angie, veo como le brillan los ojos al mirarla y cómo su respiración se torna más acelerada y acaba en una gran exhalación cuando se aleja. Suspira, suspiro...

EL LOCO


El Loco, carta de Víctor.

¿Cómo es posible que esto me esté pasando a mí? ¿Cómo es posible encontrarme en esta situación? ¡Maldita sea!

Primero Ángie me manda a hacer puñetas... ¡Al único hombre de verdad que ha conocido en su vida! Debe de estar medio lela esa niñata. Cuando vea que hay pocos hombres ya en el mundo volverá suplicando que le dé mi fortaleza y mi dinero. Mientras, que se vaya al carajo.

Pero es que lo peor no es eso, lo peor es que me he visto obligado a dimitir. ¡Y todo por culpa del tuercemalvas de Butler!
Estaba dispuesto a acabar con él, fui decidido a hablar con Felipe sobre lo poco que me gusta tener a un parásito como el colgado ese de Pedro... y va y me dice:

- ¿Pedro? Creo que no sabes lo que dices...-
- Felipe, hablo en serio, Pedro no es nada productivo. ¿Cuantos textos ha corregido? ¿Cuantas traducciones ha entregado? ¿Qué ha hecho ese enclenque por la editorial?-
- ¿Quieres saberlo? Bien... escucha sólo un trozo de esto.- Felipe abrió un word con el manuscrito, o mejor dicho, mecanoscrito de Resquicios Resplandecientes y leyó un trozo:

Nunca había reparado en aquella casa de apariencia tan corriente, sin embargo, un día, de detrás del portal, cuya puerta se hallaba abierta, comenzó a sonar una agradable melodía, algo metálica, pero que el viento arrastraba como una caricia en el cuello, en la mejilla, y que acababa con un susurro al oído.
Me sentí irrefrenablemente atraído y no pude evitar, por mayor esfuerzo que aplicara a detenerlos, que mis pies caminaran en dirección a aquella maravilla de música.
Al principio me costó vislumbrar cualquier atisbo de objeto alguno en el interior de la casa, pues la luz procedente de detrás del edificio me dificultaba la visibilidad y no se me habían adaptado los ojos a la oscuridad aun, pero al cruzar el umbral y escuchar con mayor nitidez aquel armónico sonido pude entender que alguien tocaba el piano y que éste resonaba en una habitación. Por un momento la imaginé húmeda, oscura y diáfana, pero al asomar tímidamente la cabeza con miedo a ser descubierto pude contemplar mi error.
Era una habitación iluminada, con amplios ventanales que daban a un precioso patio interior, ajardinado, con coloridas flores sobre un imperante verde y cuyo aroma impregnaba toda la estancia.
Increíble, pensé por un momento. Aquella sonata parecía salir de una caja de música... y tampoco andaba mal encaminado, pues aquel instrumento bien podía considerarse una caja de música.
El enorme piano se situaba al lado opuesto a la puerta, encajonado en un rincón que servía de caja de resonancia... y sentado a él, una joven de cabellos castaños y tez pálida que parecía estar disfrutando tanto de la música que tocaba como yo que la escuchaba...

- Es sólo un ejemplo, Víctor, de una de las múltiples descripciones de resquicios que aparecen en situaciones que podrían considerarse cotidianas o que pasan desapercibidas a los sentidos del resto del mundo, pero que el autor recoge con suma delicadeza y nos las entrega como acontecimientos únicos mediante su narrador. Dime... ¿Qué opinas de esta narrativa?-
- Bueno... es atractiva sin duda. Por lo poco que me has leído me he quedado con ganas de saber más... y, sí, ciertamente me he imaginado al detalle la habitación, el jardín y el piano con la pianista... pero ¿qué diablos tiene que ver esto con Pedro?-
- Pues que Pedro es el autor de esta maravilla y tú quieres cargarte a nuestra gallina de los huevos de oro. Debes de estar loco o ciego para no haberte dado cuenta de la joya que tenemos.-
- En realidad eso podría haberlo escrito cualquiera de nosotros.-
- No lo dudo, pero no ha sido así.-
- Pero puede serlo. Pedro no es para tanto. En realidad no le necesitamos, la editorial funcionaría mejor sin él.-
- No, Víctor. Me equivoqué proponiéndote para el cargo. Alguien que ocupe tu puesto debió haber visto el talento de este chico, y a ti te ha pasado desapercibido. Lo siento pero te relego del cargo.-
- ¿Encima esto? Pues no, Felipe, lo siento yo pero dimito. Me voy de aquí. No voy a seguir en una editorial en la que no se me tiene en cuenta.-
- De acuerdo... si es tu decisión, se te respetará.-

¡Ja! Habrá montones de editoriales esperando a alguien como yo. Es cuestión de volver a hacer el currículum y arreando.

LA TORRE


La Torre, carta de Pedro

No he podido dejarle a Angie un regalo más apropiado que la dedicatoria de mi mayor creación, Resquicios Resplandecientes. En parte se lo debo a ella y a seres luminosos como ella.
Este mundo está lleno de maravillas, por desgracia no todas están al alcance de aquellos quienes creemos merecerlas, quizá por ser vanidosos, se nos vuelven en nuestra contra y conspiran para que no podamos gozarlas, únicamente vislumbrarlas en atisbos de genial locura...

Pero no creo que aquellos que sí las gozan tengan las cualidades necesarias para hacerlo. Quizá incluso al contrario, no las contemplan y miman como debieran, rebajando así su valor apreciativo, y pasando de ser un elemento de temple o contemplación pasa a ser un objeto devaluado y sin encanto alguno.

¡Eso no puede estar pasando con Angie! ¡No puede ser que un ser tan deplorable como Víctor esté robándole la maravilla a ese dulce ser perfecto! Pero no puedo cerrar lo ojos ante lo evidente. Angie no es para mí y Víctor disfruta de su voz, de su piel, de su pelo, de sus caricias y de sus acertadas palabras... Ya quisieran mis oídos ser obsequiados con tan grandes palabras. Pero no es así.

Creo que el mejor regalo que le he podido hacer es mi novela.

LA MUERTE


La Muerte, carta final.

Detrás de Víctor entró Angie a hablar con Felipe. En la editorial sólo estaban ellos tres, Sandri, en la sala de descanso y Pedro, sentado frente al ordenador.
Angie y Felipe estuvieron hablando sobre el posible sucesor en el cargo de Víctor... y parecían estar de acuerdo en proponer a Mar cuando de pronto empezó a sonar fuertemente una música proveniente de la oficina.

Felipe se extrañó de aquello y dijo:- ¿No es eso el Dies Irae del Réquiem de Mozart?-
Angie abrió los ojos de par en par y exclamó:- ¡Pedro!- y sin tiempo para más rompió a correr en dirección a la oficina de corrección y redacción.
La ventana desde la que Pedro solía mirar al exterior, por la que el sol se colaba para iluminarle el pelo, se encontraba abierta y el viento se colaba por ella haciendo volar montones de papeles mientras del ordenador del creador de Resquicios Resplandecientes sonaba, efectivamente, el Dies Irae del Réquiem de Mozart.

Angie no se atrevió a mirar por la ventana, sí lo hizo Felipe que vio el cuerpo sin vida de Pedro tirado sobre la acera.
Se había suicidado.

Pudo haber disfrutado de su éxito, pues su novela llegó a ser muy vendida y logró muy buenas críticas. Pudo haber compartido su amor con Angie, pues ésta lo habría amado del mismo modo como él a ella. Pudo haber traído luz en vez de penumbras a una editorial a la que le faltaría esa pizca de magia desde su pérdida. Pudo haber seguido trayendo un poco más de equilibrio en un mundo con gente como Víctor. Pero se precipitó, no aguantó más y por no soportar más ese dolor interno que le comía imaginando a Angie sometida a un Víctor denigrante, acabó finalmente con su vida, dejando una leyenda más a un mundo menos justo.

El ordenador de Pedro así como su mesa jamás volvieron a utilizarse. En su lugar le dejaron un dibujo con una dedicatoria y un ejemplar de la primera edición de Resquicios Resplandecientes junto con una dedicatoria conjunta de todo el equipo.

Angie le dejaría otro ejemplar en su tumba, con otra dedicatoria personal:
"Al ser más resplandeciente que ha pasado por la editorial y probablemente por mi vida, cuya luz brilló por mucho que quisiera ocultarla en tinieblas. Nunca te olvidaré, de tu amiga, admiradora, amada, Angie".

Pero la vida continuó, y a todos le fue yendo más o menos bien, a pesar de las pérdidas.
Mar finalmente se quedó en la editorial ocupando el puesto de Víctor.
Sandri se volvió a enamorar, de otro escritor, pero a este pudo ir conociéndole cita tras cita...
A Angie le costó superar aquella pérdida, que en parte le hizo sentir culpable por no haber sabido ver la luz y haberse quedado con lo más mundano, rápido y fácil. Pero finalmente fue saliendo de aquel sentimiento doloroso y empezó a sentirse bien, empezando de nuevo a vivir por y para ella, y orgullosa de haber conocido a alguien como Pedro, a quien de vez en cuando le hablaba desde el corazón de sus cosas, como si fuera un amigo que aun le escuchaba y se alegrara de sus logros.
Noe y Jesús acabaron juntos... casi sin querer, pero tampoco sin querer evitarlo.

La novela de Pedro llegó a le 13ª edición. Traducida a 7 idiomas. Un éxito.
Pedro se convirtió en una leyenda y, desde donde estuviera, en un faro para todos los de la editorial.

FIN.

miércoles, 22 de julio de 2015

Ficciones (12): No es editorial para novatas.

Cómo me dejé engañar por Víctor... pero es que tiene labia, es atractivo y muy persuasivo. Es tan difícil no caer rendida frente a él...
Lo peor de todo es que pensé que iba en serio conmigo, que podíamos llegar a algo... ¡Y encima tendré yo la culpa!

No logro concentrarme, me aterra pensar que pueda estar con pie y medio fuera de la editorial, por no presentar a tiempo las correcciones, por no lograr una buena definición en las traducciones...
Por andar tan espesa y pensando en lo que no debería me hallo perdida en mí misma y perdiendo mi talento por culpa de algo que nunca debió existir.

Pero tendré encima yo la culpa...
Por creerme lo imposible, por fantasear con lo no probable, con dejarme llevar por lo impredecible y creer en lo inalcanzable...
Y lo pienso y es posible que sea mejor así. Aunque me fastidia pensar en numerosas ocasiones que soy poca cosa, que no soy suficiente, que chicas como Angie son las afortunadas, mientras otras nos conformamos con ser queridas, y no amadas.

Estos días en la editorial han sido bastante... tensos. Notaba el nerviosismo de Felipe lanzándome andanadas de fuego por sus ojos... y en ocasiones los notaba clavándose en mi nuca y atravesándomela hasta proyectarse sobre la pantalla de mi ordenador... ¡Qué horror!

Estoy al borde del abismo...

Otros parecen estar en su salsa... Especialmente Víctor y Angie, quienes parecen estar en lo alto al más puro estilo matrimonio Curie o Bonnie y Clyde. En cambio el resto parece transitar del mismo modo que siempre, como si el injusto enlace patético de esta nueva pareja no les repercutiera en lo más mínimo...
Pero bueno... si Mar siempre parece enfadada, Jesús siempre parece feliz y Pedro siempre parece deprimido... ¿Qué va a cambiar en ellos?

Felipe es el que parece más variable en estos momentos... y me temo que parte de culpa la tenga Víctor.
No sé qué estará tramando... pero no parece nada bueno, ni para mí, ni para los intereses que no sean los de él y Angie. ¡Con lo buena chica que parecía... qué pronto se ha corrompido!

Yo no sé cómo aguanta el resto este enrarecido clima de tensión que corta el aire... pero yo no puedo ni respirar bajo esta atmósfera tormentosa... por lo que posiblemente acabe rindiéndome y largándome de aquí, lejos, lejos...
Y no creo ser culpable de nada de esto.

Dura travesía para Noe

lunes, 18 de mayo de 2015

Ficciones (8): Los verdes ángulos de la libertad de culto.

No me lo esperaba, pero fui invadido por un sentimiento y sensación de bienestar mayúsculo. Fue con algo con lo que no creo que mucha gente pudiera sentirse de ese modo... sin embargo conmigo resultó. Las columnas angulosas de un edificio de l'Eixample dret.

Se podían ver a través de los amplios ventanales, unas columnas colocadas casi al azar en un segundo piso de altura aproximadamente. Aquellas columnas, pintadas verdes, formaban un ángulo exquisito, para nada simétrico, y agradablemente angosto, perfecto para atorarse a dilucidar maravillas y ser poseído por el espíritu de la mágica Mnemosine, entre aromas y sonidos deleitosos.

Cuando estaba a punto de ser guiado por un hilo mágico hacia algún lugar delicioso y suave, dulce y sensible, delicado... un exabrupto ominoso me turbó y sacó de aquel estado onírico. Era la voz de Víctor, o más bien, el vocifero de Víctor... excitadísimo con su ascenso. Lo había conseguido, y no es que no lo mereciera, se lo había granjeado a consciencia... pero... yo guardaba ciertas dudas hacia ese personaje. Podía notar como me degollaba con gestos y miradas de desaprobación cada vez que una de las chicas del grupo dirigía su atención hacia mí. Parecía querer tener no sólo el control del grupo de edición, sino de todos y cada uno de nosotros. Y lo más alarmante es que parecía funcionarle.

Eso me inquietaba, me... sí, me aterraba. Me daba igual de quién se adueñara, sabía que nunca iba a adueñarse de mí, pero... empezaba a temer por otra persona. No sabía bien por qué, si por su bondad, si por su exención de hipocresía y manilupación, vaya, por su franqueza y sinceridad y así hasta mil sinónimos, por... era un ángel. Y ese pensamiento me devolvió al inicial...
Las columnas eran verdes. Recuerdo ese color, fue uno de los primeros colores que vi al entrar en esta editorial... me resultaron saltones, desorbitados... pero confundí efusividad, entusiasmo y amabilidad con falsedad e histrionismo. ¡Cómo me equivoqué! Con el paso del tiempo comprendí que no siempre la tradición literaria acierta en los tópicos y que unos ojos verdes no tienen por qué ocultar nada malo. Al contrario, jamás unos iris guardaron tanta humanidad.

Sus ojos verdes. Sus prendas verdes, en ocasiones... su dirección, el camino... todo era como primavera.
Después del griterío y excitación por el ascenso de Víctor, alguien se acercó a leer mi hoja de Word. La estaba leyendo... era blanda... era suave y olía bien. Reconocía su olor. No era tan invasivo como el de Mar, ni tan sutil como el de Noe, ni tan... ¿A qué olía Sandri? No, ni tampoco tan... repug... repugnante como el de Víctor, ni tan sereno, sosegado, marino, como el de Jesús. No. Era ella, era Angie, la chica a la que confundí con las afroditas que tanto me torturaron y que tiene más de Atenea que nadie.

Notaba el vibrar de su voz cercana a mi cara... sentía acariciármela... y su aliento... afrutado... joven pero con vivencia, me pedía experiencia, me suplicaba experiencia... ¿Yo? Si todo lo que me ha envuelto es una oscuridad y un terror dignos de una novela de Stephen King... ¿Qué podía yo ofrecer a nadie más que tinieblas?
Noté algo blando rozar mi brazo poco antes de que su mano tocara la mía, posada en la mesa.
- ¿A quién estás corrigiendo? Parece una historia profunda e interesante. Ese personaje especialmente tiene un carisma especial. No sé si es por su psiqué...- Me preguntó mientras tocaba mi mano.
No pude hacer otra cosa que mirar su mano tocando la mía, pero pensaría algo extraño y pronto la quitó mientras continuó sonriendo y me dijo:
- A mí no me tocan autores tan interesantes.-
- No creas... es una buena página... la historia en sí tampoco es para tanto.- Respondí.
- Bueno, si quieres me la puedes pasar una vez la corrijas y ya juzgaré por mí misma, ¿te parece?-
- De acuerdo.-

Pensé que se iría... y me dejaría proseguir con mi labor... sin embargo trató de profundizar más en mí, con una mirada que quería llegar a mis entrañas. Pero no la dejé. No sé por qué... no sé por qué me cerré, le cerré el paso. Desvié la mirada y seguí con lo mío.
No pude ver la cara que ponía, lo que sí vi es que me dejó mientras volvía con el grupo.
Alguien más vino a husmear en mis quehaceres. Esta vez fue Sandri.
Se quedó mirando largo rato la pantalla sin decir nada. No pude proseguir... así que esperé a que acabara su lectura.
- ¿Quién es el autor?- Ya era la segunda persona en diez minutos que me preguntaba lo mismo... y me daba palo contestar.
- ¿Tan buen escrito os parece que es?- Le pregunté.
- No sé, tiene algo mágico y eso me gusta.-
- Vale, sí, es bueno... se lo voy a pasar a Angie cuando acabe con él.- Le dije para poder continuar.
- ¡Pues pásamelo a mí también! Pinta muy bien.-
Sandri me sonrió, me despidió con la mano mientras sonreía y se fue.

Era extraño... todo... era muy extraño... y de pronto me invadió el miedo.
¿Y si no tenía que haber hecho que apartara su mano de la mía? No, eso era una bobada. Yo no hice nada... sólo me asombré. Angie es la chica más hermosa de las cuatro, posiblemente la más inteligente, y con diferencia la que mejor provecho saca de su talento. Que una chica así... dirija su atención hacia mí... me... pone nervioso. Quizá debería ser menos hermético con ella... al fin y al cabo... ella... sus ojos... las hojas de los árboles en primavera, el campo rociado de agua... su figura, su luz... ella me ha hecho algo... desde el primer día... desde la primera vista... sin quererlo he quedado hechizado.

Angie me gusta mucho.

Hoy es verde

lunes, 11 de mayo de 2015

Ficciones (7): Recuerdos que son ahora.

Me gusta mucho más el nuevo mobiliario que el anterior. Resulta más cómodo e incluso a una le hace acabar la faena antes.
Definitivamente, los tonos rojos así como Burdeos le dan un aspecto de más fuerza, carácter... No sé, me gusta, me resulta agradable.

Ya he acabado la corrección de la próxima publicación... ¡Y en breve me dan una traducción! Qué ganas tengo... traduciré a mi primer/a autor/a. ¡Es posible que acabe traduciendo todas sus novelas! Es lo que suele pasar con los autores y las traducciones, se genera una especie de simbiosis que si realmente encaja, acaba por ser una realidad. Autor/a y traductor/a acaban ligados por un mismo hilo, pero con unos matices diferentes.

A veces pienso en que traduzco a un autor de mi edad... que a éste le gusta mi traducción de su texto y que desea conocerme... o quizá al revés... me llena su literatura hasta tal punto que quedo empapada de sus expresiones y trato de hacerlas mías para la traducción... escapándoseme conceptos... pinceladas que estaría deseosa que me explicara.

Las cosas en la editorial empiezan a cambiar poco a poco... no solo el mobiliario... la gente... nosotros, los correctores, editores, escritores... creo que maduramos.
Mar estaba más sarcástica, Jesús más equilibrado... y cuesta pensar que aun se pueda encontrar mayor equilibrio que el que ese chico tiene, Angie más guapa, últimamente se le veía radiante, debe ser que la confianza que tienen depositada en ella la satisface. Luego estaban Víctor... menos chinchoso y más pensativo, raro en él. Noe, bueno, Noe quizá no parecía cambiar demasiado. Y luego estaba Pedro, que se estaba contagiando de la vivacidad del grupo, y entró sigiloso como un gato que busca un cómodo lugar sobre el que posarse y pasar el rato contemplativo, meditativo y en calma.

Empezaba a hacer calor, verano. ¡Qué ganas de disfrutar una tarde de playa! Le diré a Angie de venirse a ver si se apunta. ¡Podría decírselos a todos! Sí, eso haré.
Estamos a punto de acabar... más vale que les mande un mensaje al grupo del whats:

The Infernal Editors: Sandri: Chicossss ¿Qué tal tarde de playita? Aprovechemos un par de horitas al menos.
The Infernal Editors: Angie: ¿Esta tarde? Yo no he pillado bikini.
The Infernal Editors: Mar: Tía, eso se hace con tiempo. Que unas estamos más blancas que Iniesta en Alaska.
The Infernal Editors: Víctor: ¿Bikini? Chorradas, topless o vamos a una nudista.
The Infernal Editors: Sandri: Por mí no, Víctor.
The Infernal Editors: Mar: Paso de que el pervertido ese me vea el pecho.
The Infernal Editors: Víctor: Seguro que es porque lo tienes pequeño, en cambio a mí no me importa que me veáis la...
The Infernal Editors: Pedro: Víctor, no dejes tantas evidencias de tu cociente intelectual.
The Infernal Editors: Víctor: ¿Qué dice éste y quién le ha invitado al grupo o desde cuando está en él?
The Infernal Editors: Mar: ¡Olé tú, Pedro!
The Infernal Editors: Angie: ¡Bien dichoooo!
The Infernal Editors: Jesús: Yo no voy a poder... ¿Qué tal el sábado?
The Infernal Editors: Angie: ¡Sábado pícnic en la playa!
The Infernal Editors: Pedro: No sé yo si podré...
The Infernal Editors: Angie: No es si podrás, es si querrás. Quien quiere, puede.
The Infernal Editors: Mar: Yo el sábado me apunto.
The Infernal Editors: Noe: Me apunto para el sábado.
The Infernal Editors: Pedro: Pues eso, no sé yo si querré.
The Infernal Editors: Jesús: Yo me apunto, apuntad a Pedro, lo llevamos a rastras. Igual tiene miedo al agua.
The Infernal Editors: Pedro: ¿Qué? Yo no temo a nada.
The Infernal Editors: Víctor: Bla, bla... te hago una carrera a nado.
The Infernal Editors: Pedro: ¡Venga!
The Infernal Editors: Mar: Uuuuh, pelea de gallos.
The Infernal Editors: Sandri: Jajaja. Os apunto a todos ¿Vale? Traeremos comida para el pícnic del sábado.
The Infernal Editors: Angie: ¡Síiii!
The Infernal Editors: Pedro: Protección solar, al menos factor 30, el primer contacto con el sol es peligroso.
The Infernal Editors: Víctor: ¿Te da miedo el sol?
The Infernal Editors: Pedro: Me das miedo tú... soy hetero.
The Infernal Editors: Víctor: ¡Y yo! ¿De qué vas?
The Infernal Editors: Pedro: Nada, nada, por si acaso...
The Infernal Editors: Víctor: Además... antes que tú me tiraba a Jesús.
The Infernal Editors: Jesús: No sé si agradecerte el cumplido o preocuparme también.
The Infernal Editors: Angie, Mar, Noe (a la vez): Jajajajaja.
The Infernal Editors: Víctor. Bueno, Butler, el sábado te reto a llegar a la primera boya y volver, a ver quién tarda menos.
The Infernal Editors: Pedro: Vale, el que pierda paga una cerveza.
The Infernal Editors: Víctor: ¡Y unos nachos!
The Infernal Editors: Jesús: Y una mariscada.
The Infernal Editors: Mar: Y un viaje a las seychelles, no os fastidia... jajaja.
The Infernal Editors: Angie: Bueno, apuntados todos al pícnic del sábado en la playa. Traed bañadores, protección solar y comida.

Pues con la tontería se nos echó el tiempo encima y tuvimos que salir pitando de la editorial con trabajo para el día siguiente...
Me gustaba... me gustaban los cambios que se estaban dando en la editorial... Me gustaban mucho.
Quién sabe... es posible que yo también esté cambiando.

Paisaje correspondiente con Sandri

jueves, 7 de mayo de 2015

Ficciones (6): Como pluma al viento.

A las ocho vino. Yo le estaba preparando una buena cena, con velas y rosas y todo, con una ropa de noche sensual y provocativa bajo mi ropa de andar por casa, mientras esperaba que me diera esa gran noticia que quería darme...

A la vez que cocinaba, brindábamos con un rosado espumoso sin tener muy claro aun por qué lo estábamos haciendo... hasta que de pronto me lo lanzó:
- Me han ascendido Noe, soy el encargado de la sección.-
Aquello... no era lo que esperaba oír. No es que fuera malo, no, todo lo contrario. A pesar que tuviera más miedo de que más miradas y admiración fueran levantadas, sin hablar de Mar, pululando a su alrededor, la noticia era increíble. Mi amado Víctor nuestro jefe, qué bien sonaba eso... a decir verdad me sentía excitada. ¡Y sí, se lo merecía! Ha estado trabajando duro para lograr ese ascenso. Esta noche iba a ser su noche, y yo me encargaría de que así fuera.

Pero al día siguiente no me esperó para ir juntos al trabajo. Con la excusa de adelantar faena, que tenía mucha, se escabulló y, de nuevo, volveríamos a ser simples compañeros en la editorial, o aun peor, empleada y superior...

Los días siguientes vería como su atención iba desviándose de mí y cómo iba obsequiando a Mar con su humor ácido y sarcástico. Estoy casi convencida de que le gusta. A pesar de todo siempre logra calmarme con algún gesto o palabra que únicamente me dedica a mí.

Me fue diciendo que iba a proponer a Felipe cambios, cambios especialmente en nuestra sección. Se trataba, básicamente, de ahorrarse una persona, ya que el trabajo en formato físico, no en archivos informáticos, iba disminuyendo y el otro trabajo podríamos ir desempeñándolo en casa, con más comodidad y cobrando más por ello.

Su propuesta me gustaba mucho... quizá podría insinuarle que podría traerse trabajo a mi casa y así, poco a poco, hacer que se fuera quedando... cada día un poco más... hasta que ya no se fuera. Para ello tenía que echar a Pedro de la editorial. La idea no me parecía mala, a pesar de que no tuviera nada en contra de Butler, menos que es raro. Pero quería estar al lado de mi coordinador editorial... así que Pedro me estorbaba, porque le estorbaba a Víctor.

Cuando le proponga a Felipe la reestructuración, quiero estar presente para decirle que estoy totalmente de acuerdo con la medida. ¡Cuánto dinero podríamos llegar a ganar los dos juntos! Quién sabe si más adelante pudiéramos abrir nuestra propia editorial y pasar más tiempo juntos... sin Mar pululando.

Puede que parezca una sombra ondeante eclipsada por el radiante carisma de todos y cada uno de los trabajadores de nuestra editorial, pero esta sombra ondeante sabe bien tras de qué elemento refugiarse cuando el sol atice con fuerza para no sentir su abrasador calor quemarle las entrañas.

Bajo la sombra de Víctor me levantaré reclamando mi puesto de princesa sin corona. La furia de los titanes aplasta a los malaventurados. Primero caerá Pedro, pero Mar será la siguiente.

Pantano, paisaje correspondiente a Noe.