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jueves, 23 de julio de 2015

Ficciones (13): Oh, please, leave the ventana open.

No podía creer que aquello fuera posible.
El autor de aquella novela hizo posible que a cada página que leía sintiera más la necesidad de leer la siguiente... y si al  principio me leía cinco o diez páginas al día, acabé por leerme las últimas treinta en apenas dos horas.

Me sorprendí a mí misma devorando aquella delicia como la más golosa entre las golosas en la fábrica de chocolate de Willy Wonka.
Aquella novela me despertó un entusiasmo irrefrenable, hasta entonces nunca sentido, y deseaba que existiera una segunda parte, una tercera, una saga, una enciclopedia entera sobre la obra.
¡Cuanta era mi necesidad por leer a aquel autor que por fin lograba entender la etimología de la palabra filología!

Aquella mañana no pude esperar más. ¡Fui la primera en llegar a la editorial! Y es que quería que Pedro me confesara quién era el autor de aquella obra de arte... el autor...
Siempre tuve la idea de que una persona podía enamorarse de otra a través de sus palabras, de sus escritos, porque mediante ellos, mediante sus palabras, proyectaba gran parte de su personalidad, de sus ideas, de su pensamiento y seguramente incluso de sus vivencias.
El ser que creó aquella novela, aquellos Resquicios resplandecientes, debía ser en apariencia atormentado pero con brillantes toques de genialidad y magia que embriagaba solo con mirar.
Su mirada, seguramente, diría tanto como sus palabras... ¡O más!
Si una persona puede decir tanto con palabras, con la mirada puede... atravesarnos la  mente a todos.

Pedro no llegaba. ¡Qué desesperación! Todos habían llegado ya y Pedro se retrasaba.
Claro, me habían dicho que se encontraba en el despacho de Felipe. Deseaba que no fuera por los rumores que circulaban sobre su despido. Al parecer no le gustaba mucho a Víctor, y eso me da mucha rabia, porque a mí ese chico sí me parece sobradamente apto para el cargo, válido, bueno y tantos otros agradables adjetivos que me despierta.

Pero mi mente estaba completamente colapsada por el autor de la novela.
Fui a tomar un café en la sala de descanso mientras salía de hablar con Felipe... los nervios que estaba pasando eran como los de una adolescente cuando va a ver a su estrella musical tras el escenario.

Al volver de la sala de descanso por fin lo vi sentado frente el ordenador, leyendo, esta vez parecía no estar corrigiendo nada.
Escuchaba música, Spanish bombs de The Clash.
Lo vi mirar por la ventana, absorto, mientras la letra de la canción decía "Federico Lorca is dead and gone" y no sé por qué me vino una extraña imagen de él.

- ¡Hola Pedro!-
Pedro se giró, sin sorpresa. Me había visto a través del reflejo de la ventana.
- Hola Sandri. ¿Qué te pareció la historia que te pasé?-
- Mira, de eso quería hablarte. No tengo calificativos para describirla.- Y de pronto me sorprendí a mí misma pensando que estaba enamorada del autor, que sentía verdadero amor por alguien a quien no conocía y a quien seguramente nunca llegaré a conocer. ¡Qué burra!
- ¿Tan mala parece?-
- ¡No por Dios, todo lo contrario! Es la mayor maravilla que jamás ha caído en mis manos.-
Pedro abrió los ojos asombrado.
- ¿Es que a ti no te lo parece, Pedro?-
- No, sí, no sé. Vaya, quiero decir que jamás pensé que nadie hablaría así de esta novela.-
- Bueno... pues yo pensaba que igual tú podías decirme el nombre del autor y... quizá pudiera escribirle y decirle lo mucho que me gustó su novela.-
- El nombre del autor te lo puedo decir, pero igual mejor que le digas tú misma en persona cuanto te gustó su obra.-
- ¿Es que me lo vas a presentar?-
Empecé a ponerme mucho más nerviosa y temía que mi nerviosismo fuera patente. Empezaba a parecer muy tonta...
- No hace falta que te lo presente, lo conoces.-
En ese momento se me cayó el vaso de plástico del café al suelo con el poco de café que me quedaba...
- ¿Estás bien Sandri?-
Y Pedro recogió el vaso, viendo que me había manchado las manoletinas. Sacó un pañuelo de papel del bolsillo y me limpió el calzado.
Reí como una tonta de remate y dije una estupidez:
- ¿Eres gay?-
No es que el hecho de que Pedro fuera gay era una estupidez, que podría haberlo sido tranquilamente y nada hubiera ocurrido... pero fueron los hechos que me hicieron creer aquello. El verlo mirar por la ventana... escuchando Spanish bombs mientras citaban a Lorca... su sensibilidad y sensualidad. Tan fino y tan sensible, tan fuera de nuestra órbita... que al verlo limpiarme con tanta delicadeza sentí que era demasiado detallista, demasiado sensible, era la antítesis a Víctor.

Pedro me miró extrañado, se apartó un poco, tiró el pañuelo de papel a la papelera y dijo:
- ¿Te parezco amanerado?-
- No, no es eso, tonto.- Y dije otra cosa que me salió sin querer decirla. Además de no tener clara su condición sexual voy y le llamo tonto. ¡La tonta soy yo, enamorada de alguien que no sé aun quién es!- No, quiero decir. Pedro, es que estoy nerviosa. No hago más que pensar en el autor del libro. Te pregunté lo de gay porque... no sé, de pronto, el ambiente...-
- ¿Gay, ambiente? Ehhh... Sandri- y Pedro me sonrió- estamos en una editorial, no en un desfile. Aquí el ambiente lo ponen los gritos de Víctor y Mar y las collejas invisibles de Felipe. El resto somos el resto, y claro, la belleza de las chicas de la editorial.-
Y qué idea tan tonta que cada vez que hablaba me parecía más... vaya, haría buena pareja con alguien como Víctor si no fuera porque parece que se odien.
- Oye, oye, pero por favor. Dime. ¿Quién es el autor de Resquicios resplandecientes?-

Pedro sonrió y cerró los ojos antes de responder. A mí me iba a dar un vuelco el corazón porque cuanto más pasaba el rato hablando con el chico más sentía que era él el autor.
Y por fin salió el autor de sus labios:
- El autor de esta novela... soy yo.-
Oh Dios. Cerré los ojos y exhalé un profundo suspiro. Mis piernas temblaban e incluso noté hormigueos por partes de mi cuerpo que no soy capaz de describir.
Estaba delante del autor de esa novela, de La Novela. Y de pronto, mientras había estado manteniendo conversaciones con él, ahora me veía incapaz de articular sonido alguno.

Víctor en esos momentos se encontraba en el despacho del director, Felipe, hablando sobre los cambios... ¡Qué tonta, otra vez, tonta! No se me ocurrió preguntar a Pedro si los rumores de su marcha eran ciertos.
Primero Pedro fue a hablar con Felipe, luego Víctor. Aquí pasaba algo o algo estaba a punto de pasar...
Pero lo único que pude hacer es salir corriendo a hablar con Angie y decirle que Pedro era el autor de Resquicios resplandecientes.

Y yo, enamorada.

Sandri enamorada

lunes, 18 de mayo de 2015

Ficciones (8): Los verdes ángulos de la libertad de culto.

No me lo esperaba, pero fui invadido por un sentimiento y sensación de bienestar mayúsculo. Fue con algo con lo que no creo que mucha gente pudiera sentirse de ese modo... sin embargo conmigo resultó. Las columnas angulosas de un edificio de l'Eixample dret.

Se podían ver a través de los amplios ventanales, unas columnas colocadas casi al azar en un segundo piso de altura aproximadamente. Aquellas columnas, pintadas verdes, formaban un ángulo exquisito, para nada simétrico, y agradablemente angosto, perfecto para atorarse a dilucidar maravillas y ser poseído por el espíritu de la mágica Mnemosine, entre aromas y sonidos deleitosos.

Cuando estaba a punto de ser guiado por un hilo mágico hacia algún lugar delicioso y suave, dulce y sensible, delicado... un exabrupto ominoso me turbó y sacó de aquel estado onírico. Era la voz de Víctor, o más bien, el vocifero de Víctor... excitadísimo con su ascenso. Lo había conseguido, y no es que no lo mereciera, se lo había granjeado a consciencia... pero... yo guardaba ciertas dudas hacia ese personaje. Podía notar como me degollaba con gestos y miradas de desaprobación cada vez que una de las chicas del grupo dirigía su atención hacia mí. Parecía querer tener no sólo el control del grupo de edición, sino de todos y cada uno de nosotros. Y lo más alarmante es que parecía funcionarle.

Eso me inquietaba, me... sí, me aterraba. Me daba igual de quién se adueñara, sabía que nunca iba a adueñarse de mí, pero... empezaba a temer por otra persona. No sabía bien por qué, si por su bondad, si por su exención de hipocresía y manilupación, vaya, por su franqueza y sinceridad y así hasta mil sinónimos, por... era un ángel. Y ese pensamiento me devolvió al inicial...
Las columnas eran verdes. Recuerdo ese color, fue uno de los primeros colores que vi al entrar en esta editorial... me resultaron saltones, desorbitados... pero confundí efusividad, entusiasmo y amabilidad con falsedad e histrionismo. ¡Cómo me equivoqué! Con el paso del tiempo comprendí que no siempre la tradición literaria acierta en los tópicos y que unos ojos verdes no tienen por qué ocultar nada malo. Al contrario, jamás unos iris guardaron tanta humanidad.

Sus ojos verdes. Sus prendas verdes, en ocasiones... su dirección, el camino... todo era como primavera.
Después del griterío y excitación por el ascenso de Víctor, alguien se acercó a leer mi hoja de Word. La estaba leyendo... era blanda... era suave y olía bien. Reconocía su olor. No era tan invasivo como el de Mar, ni tan sutil como el de Noe, ni tan... ¿A qué olía Sandri? No, ni tampoco tan... repug... repugnante como el de Víctor, ni tan sereno, sosegado, marino, como el de Jesús. No. Era ella, era Angie, la chica a la que confundí con las afroditas que tanto me torturaron y que tiene más de Atenea que nadie.

Notaba el vibrar de su voz cercana a mi cara... sentía acariciármela... y su aliento... afrutado... joven pero con vivencia, me pedía experiencia, me suplicaba experiencia... ¿Yo? Si todo lo que me ha envuelto es una oscuridad y un terror dignos de una novela de Stephen King... ¿Qué podía yo ofrecer a nadie más que tinieblas?
Noté algo blando rozar mi brazo poco antes de que su mano tocara la mía, posada en la mesa.
- ¿A quién estás corrigiendo? Parece una historia profunda e interesante. Ese personaje especialmente tiene un carisma especial. No sé si es por su psiqué...- Me preguntó mientras tocaba mi mano.
No pude hacer otra cosa que mirar su mano tocando la mía, pero pensaría algo extraño y pronto la quitó mientras continuó sonriendo y me dijo:
- A mí no me tocan autores tan interesantes.-
- No creas... es una buena página... la historia en sí tampoco es para tanto.- Respondí.
- Bueno, si quieres me la puedes pasar una vez la corrijas y ya juzgaré por mí misma, ¿te parece?-
- De acuerdo.-

Pensé que se iría... y me dejaría proseguir con mi labor... sin embargo trató de profundizar más en mí, con una mirada que quería llegar a mis entrañas. Pero no la dejé. No sé por qué... no sé por qué me cerré, le cerré el paso. Desvié la mirada y seguí con lo mío.
No pude ver la cara que ponía, lo que sí vi es que me dejó mientras volvía con el grupo.
Alguien más vino a husmear en mis quehaceres. Esta vez fue Sandri.
Se quedó mirando largo rato la pantalla sin decir nada. No pude proseguir... así que esperé a que acabara su lectura.
- ¿Quién es el autor?- Ya era la segunda persona en diez minutos que me preguntaba lo mismo... y me daba palo contestar.
- ¿Tan buen escrito os parece que es?- Le pregunté.
- No sé, tiene algo mágico y eso me gusta.-
- Vale, sí, es bueno... se lo voy a pasar a Angie cuando acabe con él.- Le dije para poder continuar.
- ¡Pues pásamelo a mí también! Pinta muy bien.-
Sandri me sonrió, me despidió con la mano mientras sonreía y se fue.

Era extraño... todo... era muy extraño... y de pronto me invadió el miedo.
¿Y si no tenía que haber hecho que apartara su mano de la mía? No, eso era una bobada. Yo no hice nada... sólo me asombré. Angie es la chica más hermosa de las cuatro, posiblemente la más inteligente, y con diferencia la que mejor provecho saca de su talento. Que una chica así... dirija su atención hacia mí... me... pone nervioso. Quizá debería ser menos hermético con ella... al fin y al cabo... ella... sus ojos... las hojas de los árboles en primavera, el campo rociado de agua... su figura, su luz... ella me ha hecho algo... desde el primer día... desde la primera vista... sin quererlo he quedado hechizado.

Angie me gusta mucho.

Hoy es verde

lunes, 30 de marzo de 2015

Ficciones (2): Las chicas "cool" ven unicornios.

Pedro, el chico que entró nuevo a la editorial hace un par de semanas, aun no ha venido con nosotros al break del café. No sé si es que le caemos mal, no quiere relacionarse con nadie en el trabajo o simplemente es un chico solitario... sin embargo le envuelve un halo misterioso que le otorga un encanto peculiar. La gente no tardaba en especular sobre su vida y tendencias.

Allí estaba yo, en la pausa del café, tomándome un capuccino con Mar, Jesús, Víctor, Noe y Sandri. Precisamente Jesús se dio cuenta de mi comportamiento taciturno y meditabundo.
Jesús:- ¿Angie, qué pasa, no está suficientemente removido tu capuccino?-
Ángeles:- ¿Eh? Sí. Es que pensaba en el nuevo.-
Jesús:- ¿Butler? Es rarito, ¿no?-
Víctor:- Es el típico callado que te mete una bomba en la oficina, o que come carne humana, que trata de pasar desapercibido y luego aparece en las noticias de todos los canales de televisión.-
Mar:- ¡Venga ya! Sólo es un chico callado y algo tímido. Nada más.-
Sandri:- Yo tengo un amigo que le gusta comer la carne muy cruda porque dice que fantasea con que es humana y también es muy calladito.-
Ángeles:- Yo pienso como Mar, sólo es un muchacho tímido. Nosotros somos los malos sacándole defectos y crímenes que seguramente no se le pasen por la cabeza cometer.-
Víctor:- No subestimes la decrepitud humana. Mira sino lo que hizo el copiloto aquel. Butler tiene toda la pinta de ser un desquiciado.-
Ángeles:- Bueno, ya basta, no creo que sea justo hablar de él así sin que pueda defenderse.-
Jesús:- Venga, va. Angie tiene razón. Sólo es un tipo raro, nada más.-
Ángeles:- Escuchad, y ¿Butler?, ¿por qué?-
Mar:- Adivina...-
Ángeles:- Pues soy muy mala para las adivinanzas-
Mar:- Se le ocurrió a Víctor, obvio, por eso de "el mayordomo siempre es el culpable".-
Víctor:- Es cierto. Ocurre un asesinato en una familia rota... todos los miembros sospechan los unos de los otros y el más silencioso, el que más desapercibido pasa, el mayordomo, acaba siendo el culpable. Éste acaba saliendo en las noticias por cualquier cosa. Seguro que tiene antecedentes.-
Ángeles:- Vamos a ver. ¿Cómo va a tener antecedentes y haber sido contratado por nuestra editorial? ¡No tiene sentido!-
Víctor:- Un buen criminal oculta sus pruebas y las cuida al detalle.-
Ángeles:- Pues tú das más miedo que él.-
Noelia:- En eso lleva razón.-

Los chicos abandonaron el café y ocuparon sus puestos. Jesús le hizo un gesto de aprobación a Pedro, no sé bien si por temor, por respeto, por acercarse a ese ser místico y que empezaba a ser carismático en tan breve tiempo y/o quizá por contagiarse de su aura tan atractiva como oscura.
Cuando Noelia también se sentó le confesé a Sandri algo que me rondaba por la cabeza desde que lo vi:
- Pues tiene un puntillo sexy.-
Sandra:- ¿Víctor?-
Ángeles:- ¡No tía!, jajajaja. Butler, quiero decir Pedro.-
Sandra:- Hombre... pues quizá sí. Ya decía yo que no podía ser Víctor, jajaja.-

Y con ese último comentario nos sentamos...
Nos pasamos toda la tarde echándole miradas al pobre de Pedro. Estoy segura que notaría nuestros ojos clavándosele por todo su cuerpo como rayos X tratando de penetrarle y atravesarle el cuerpo para imprimir una imagen completa de su organismo y hasta incluso de sus pensamientos.
Incluso el grupo de whatsapp esa tarde no paraba de hablar de lo mismo...

The Infernal Editors: Jesús TP: Pues tiene un toque timburtiano.
The Infernal Editors: Angie: ¿Timburtiano?.
The Infernal Editors: Víctor: Sí, de estética de película de Tim Burton. Pesadilla antes de navidad, Eduardo Manos Tijeras, Beetlejuice...
The Infernal Editors: Mar: Bueno, películas de tus tiempos...
The Infernal Editors: Víctor: Mar, por favor... respeto, respeto.
The Infernal Editors: Mar bella: jajajaja.
The Infernal Editors: Sandri: jajajaja.
The Infernal Editors: Angie: (icono de mono tapándose los ojos) jajaja.

Se puede decir que esa tarde fue poco fructuosa para la editorial y para nuestras carreras... sin embargo le sacamos jugo al silencio de nuestro compañero. Por una parte pensaba que se lo medio merecía por mantener el misterio y guardar silencio durante tanto tiempo. por otra parte, deseaba que rompiera ese silencio y quizá que volviera a parecer humano, que mostrara defectos, inquietudes, pensamientos... pero era la menor parte de mí quien quería eso. El resto de mi mente seguía idealizándolo y deseando que jamás se rebajara al nivel humano. Pocas veces en la vida aparecen personas como Pedro "Butler". No quería que desapareciera del mismo modo que apareció, de golpe y porrazo y sin previo aviso.

Paisaje representativo de Angie, fondosdepantallahdgratis.com